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Lula el reelecto presidente de Brasil, fue parte de la creación de UNASUR, la Unión de NACIONES SUDAMERICANAS, que Bolsonaro, el entonces presidente de Brasil, Macri el ex presidente de Argentina, Piñeras, el ex presidente de Chile, Viscarra el ex presidente de Peru, Duque el ex presidente de Colombia juntos con la ex presidenta de Bolivia y los ex presidentes de Paraguay, pero sobre todo LENIN MORENO,
el traidor presidente de Ecuador , que llegó al poder gracias a Rafael Correa desde el 2006 y que tras 10 años de fingir ser el hombre de confianza de Correa, lo traicionó y lo persiguió para apresarlo y hacerlo desaparecer de la vida política de Ecuador, y que incluso le quitó la sede en La Mitad del Mundo, todos esos presidentes se convirtieron en títeres de Donal Trump, que incluso los impuso a la fuerza como en Bolivia.
El departamento de Estado de los Estados Unidos, así como el Departamento de Justicia de ese país, encontró en la empresa ODERBRECH, el mecanismo para perseguir y apresar a los presidentes del llamado Socialismo del Siglo XXI, implicándolos en actos de corrupción, sólo se salvó José Mujica, el presidente de Uruguay, y esto inclusive permitió el bloqueo y el intento de invasion norteamericano de Venezuela, mediante mercenarios, o caravanas de alimentos y sobre todo la prisión de LULA junto con la destitución de su sucesora Dilma Rousseff.
Destruir UNASUR se considera el principal triunfo de Trump, el Departamento de Estado, y el Pentágono en Sudamérica, pues UNASUR pretendió unir a todos los ejércitos sudamericano, mediante el Consejo Sudamericano de Defensa, que dejaba de lado al Consejo Interamericano de Defensa manejado por E.U. y a los entrenamiento militares de Estados Unidos a los ejércitos de la región que los hace mediante el TIAR Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca. Además UNASUR estropeó los golpes de estado que USA, intentó contra Evo Morales
y Rafael Correa, así como la guerra entre Duque y su ejercito colombiano contra Chavez y su ejercito venezolano, una intento de repetir lo que fue la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia para destruir las buenas relaciones de las naciones que conformaban el Virreinato de Lima, al igual que
la Guerra,la de la Triple Alianza, entre Paraguay, Uruguay y Argentina, para terminar de desintegrar el Virreinato del Rio de la Plata, la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia para controlar el petróleo boliviano y el estaño, así como la navegación por el Río Paraná y de la Plata, la principal vía fluvial de Sudamérica en ese entonces, la Guerra entre Ecuador y Perú, para controlar el mercado del caucho y su abastecimiento durante de la Segunda Guerra Mundial, o la guerra Civil Colombiana
para separa a Panamá para construir el Canal de Panamá y apropiarse de este país, y controlar el negocio de la droga, principal producto de importación y control social de Norteamérica. En todos estos las armas norteamericanas, el Departamento de Estado y el Pentágono han estado presentes, fueron protagonistas y permitieron el control de esos países por parte de Estados Unidos.
Además LULA fue uno de los pilares fundamentales en la creación de la COMUNIDAD DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE CELAC, que reúne a la mayor parte de los países del continente y compite con la OEA, que es desde su origen, con sede en Washington, es el órgano de control y manipulación que tiene Estados Unidos sobre todos los países del Continente Americano.
LULA además fue el pilar fundamental del BRICS, que con la invasión de Rusia a Ucrania está en camino de disolución, luego de reunir a la mayor cantidad de habitantes, del mundo, con mas 3000 millones de seres humanos de La Tierra, y que reúne a las mas poderosas economías y ejércitos del mundo, luego de la OTAN, Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea, ejércitos encabezados por CHINA Y RUSIA, a los que se suman los de India, Brasil y Sudáfrica.
El retorno de LULA al gobierno de Brasil, abre la posibilidad del renacimiento de UASUR, de que CELAC, sea mas importante que la OEA que incluso puede llegar a disolverse pues ya hay países que quieren salir de la organización, y que el BRICS sea nuevamente poderoso y el principal mediador en el conflicto entre RUSIA Y LA OTAN por UCRANIA.
A no dudarlo la vida de Lula está en peligro, y es muy posible que no llegue a concluir su mandato.
El inevitable retorno de Lula al gobierno de Brasil, y su liderazgo dentro de Sudamérica y América Latina cambian el rol de Brasil y América Latina en el mundo.
Brasil y Venezuela fueron la clave para que se creara UNASUR Union de Naciones de Sur América, que fue el primer paso a la creación de una union de estados, como los fue Estados Unidos de Norteamérica desde 1774, la Unión Sovietica desde 1922, o la Unión Europea, pero además la base de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y de Caribe.
UNASUR fue destruida por Donald Trump, Mike Pompeo, y el Departamento de Estado de Estados Unidos, para lo cual usaron a Marci el presidente de Argentina, a Piñeras, el presidente de Chile, a Vizcarra, el transitorio presidente de Perú, que incluso creó el CARTEL o GRUPO de LIMA y unió a los presidentes de Colombia, Paraguay, y sobre todo a Bolsonaro de Brasil y Lenín Moreno, el presidente de Ecuador, contra Venezuela, UNASUR y creó PROSUR.
Lenín Moreno, el traidor y discapacitado presidente de Ecuador, le quitó la sede a UNASUR, en la Mitad del Mundo, esta decisión fue respaldada por el actual presidente de Ecuador, Guillermo Lasso que llegó al poder mediante dudosos procedimientos, al igual que Bolsonaro, donde estuvo tuvo que ver Donald Trump, quien incluso pretendió un golpe de estado en Estados Unidos.
Los llamados Ponchos Dorados del partido del movimiento indigena PACHACUTEC, enemigos del actual líder de la CONAIE, Leonidas Iza, fueron anticorreistas enfermos, que se convintieron en aliados de Trump y Lenín Moreno, a cambio de la sede de UNASUR, y la presidencia del Consejo Nacional Electoral, ahora son aliados de Lasso. Estos indigenas son traidores a sus bases, porque sus bases son enemigas de FMI, los Republicanos de Estados Unidos, de la llamada partidocracia, que ha gobernado mediante partidos políticos mañosos y con propietario el Ecuador desde 1830.
Los indigenas conocidos como Ponchos Dorados, han mantenido la trágica trayectoria de los indígenas de Ecuador, que fueron conquistados por los españoles, gracias a los traidores de su propia raza, y sin necesidad de ningún combate.
LULA, representa para Brasil y Latinoamérica la consolidación de América Latina, es un interlocutor fuerte en el concierto mundial de las naciones. Con LULA America Latina pasa a ser un jugador importante entre las organizaciones de naciones del mundo.
Para el Departamento de Estado, el triunfo de LULA al igual que el de los actuales presidentes de México, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Honduras y Colombia, es una catástrofe que van a procurar evitar o neutralizar.
La razón fundamental para que el triunfo de LULA sea considerado una catástrofe, es que existe la seria posibilidad de que la OEA la Organización de Estados Americanos, la principal organización de control que tiene Estados Unidos sobre los países del continente, El MINISTERIO DE LAS COLONIAS, como lo llamaron Fidel Castro y el Che Guevara, sea reemplazada, o simplemente pierda presencia y respaldo frente a la CELAC.
Esto además sucede cuando Rusia está en guerra con la OTAN y Estados Unidos por Ucrania, en un momento en que se hace muy importante la ayuda de los aliados latinoamericanos y europeos para Estados Unidos, pero los populismos de derecha, en especial de Europa, la teocracias, y las dictaduras de la izquierda en países pobres, aceleran una posible guerra mundial.
Así fueron los gobiernos de Lula y Bolsonaro, que hoy luchan por repetir mandato en Brasil
Ambos candidatos tienen experiencia al frente de la jefatura del Estado brasileño, algo que sirve para evaluar cómo funcionaron en temas tan fundamentales como la economía, la Justicia social, la violencia o el desempeño internacional. Además, durante sus años en el poder, estos dos referentes políticos tuvieron numerosas polémicas y desempeños que son valorados por su electorado.
Brasil está a las puertas de enfrentar la que quizá sea una de las campañas más polarizadas en su historia democrática. Dos candidatos tan opuestos ideológicamente como Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro son los favoritos para ocupar el Palacio de Planalto en Brasilia.
Los dos candidatos son plenamente conocidos por el electorado brasileño. Bolsonaro es el actual presidente del país y lleva involucrado en política desde hace décadas como uno de los referentes de la extrema derecha y Lula da Silva fue jefe de Estado entre 2003 y 2010, convirtiéndose en uno de los líderes de la izquierda a nivel latinoamericano e, incluso, global.
Antecedentes que no pasan desapercibidos entre la población brasileña. Los votantes que acudan a las urnas en la primera vuelta del 2 de octubre y en un presumible balotaje el próximo 30 de octubre, tienen presente cómo actuaron estos dos políticos en cuestiones fundamentales para Brasil, como la economía, la seguridad, el hambre, la Justicia social y el panorama internacional. Y también son conocedores de algunas de las polémicas que han salpicado a los dos líderes en los últimos años.
La lucha contra la pobreza y la ayuda social: un referente para Lula, una contradicción para Bolsonaro
La lucha contra la pobreza y la búsqueda de la Justicia social fue uno de los pilares fundamentales desde el comienzo del primer Gobierno Lula en 2003. El expresidente brasileño se propuso facilitar la vida a millones de ciudadanos que vivían desde hace décadas en la pobreza, debido a su pasado humilde y sindicalista, un programa que supuso un éxito prácticamente desde su inicio.
Para Michael López, socio de la consultora política brasileña Arko Advise, “esta ayuda económica generó una aprobación política alta para Lula, ya que tuvo un impacto muy positivo en las regiones del norte del país, conocidas por ser históricamente marginadas y con población extremadamente pobre”.
En esta empresa de mejorar el nivel de vida de los brasileños, destacaron varios programas de ayuda para la vivienda o la educación, pero el principal fue el conocido como Bolsa Familia, una ayuda estatal directa a los más pobres que tenía el objetivo de proporcionar una base de ganancias a cambio de que las familias cumplieran una serie de requisitos, como llevar a sus hijos a la escuela o tenerlos vacunados.
La inseguridad alimentaria afecta a millones de personas que viven en los barrios más pobres de Brasil. Imagen de la favela Penha Brasil, en Sao Paulo.AP - Andre Penner
Este programa benefició alrededor de unos 14 millones de familias en todo Brasil, lo que supone alrededor del 25% de la población. La cantidad subsidiada era mínima y no permitía a las familias vivir exclusivamente de esos ingresos, ya que apenas llegaba a los 170 reales brasileños, unos 30 dólares, pero servía para pagar lo más básico a estas personas extremadamente pobres.
Para el profesor Rafael Castilho, sociólogo especializado en política y relaciones internacionales, este auxilio “sirvió para reducir la pobreza extrema y cambiar el sistema político de algunas regiones, donde había una dominación política por cuenta de esta pobreza, que a través del llamado coronelismo buscaba la fidelización política a cambio de pequeñas ayudas de los líderes locales a estas personas”.
Los datos arrojados en torno a estas políticas son positivos. Según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, todo el gasto destinado a estas familias apenas supuso una media del 0,5% del PIB y significó sacar de la pobreza a millones de personas, además de mejorar su capacidad adquisitiva y arrojar datos económicos de crecimiento generalizados.
Varias personas guardan la fila en un banco público para retirar las ayudas sociales proporcionadas por el programa Bolsa Familia poco antes de su finalización. En Río de Janeiro, el 17 de noviembre de 2021.AP - Silvia Izquierdo
Lula da Silva llegó al poder en 2003 con un gran apoyo de la clase media brasileña, pero en su reelección en 2007 y en las elecciones de su sucesora y aliada Dilma Rousseff, las clases trabajadoras jugaron un papel de apoyo fundamental gracias al respaldo recibido en estos subsidios. Subsidios que, sin embargo, la clase media no percibió que les beneficiara.
Y aunque existe un relativo consenso en torno a su éxito, muchos sectores de la clase media y la derecha brasileña comenzaron a oponerse a ellos bajo el argumento de que desincentivaban el empleo y eran una “máquina” de captar votos a favor del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva.
Palabras que se fortalecieron durante la campaña electoral de Jair Bolsonaro en 2018, especialmente tras el hartazgo que hubo hacia el PT por las numerosas investigaciones de presunta corrupción en su contra.
Uno de los puntos fuertes en materia económica de Jair Bolsonaro fueron sus anuncios de recortar gastos en materia de ayudas sociales, algo que fue aplaudido por sectores privilegiados, financieros y empresariales. El actual mandatario presentó una hoja de ruta de corte neoliberal que, sin embargo, se vio truncada a los pocos meses de ponerse en marcha esos recortes.
La crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus golpeó de forma directa a las familias más pobres de la nación carioca, aquellas que viven del comercio del día a día y la informalidad, y el Gobierno ultraderechista se vio obligado a tener que recurrir a las ayudas sociales de Bolsa Familia para subsanar la situación de estas personas.
El analista internacional Gustavo Segré destacó para France 24 que “Bolsonaro entró en una contradicción con respecto a lo que es un gobierno neoliberal en lo económico, al aumentar la ayuda social. Una decisión que, sin embargo, hizo que creciera su nicho electoral entre las personas más pobres”.
El discurso de Bolsonaro se modificó tanto que comenzó a prometer incluso más ayudas de las que proporcionaba el plan Bolsa Familia. Durante los compases finales de su primer mandato, en diciembre de 2021, su Gobierno puso fin al programa insignia del Partido de los Trabajadores para iniciar uno nuevo que llevaba su sello político, al que llamó Auxilio Brasil.
Esta iniciativa contempla brindar a las familias más pobres hasta 400 reales (unos 75 dólares), en lugar de los 170 reales de Bolsa Familia. Pero su plan de acción a largo plazo es mucho más limitado, ya que podría tener fin tras una posible reelección del candadito ultraderechista. Esta medida ha sido calificada de “electoralista” por sus rivales políticos y se ha puesto muy en duda por varios expertos como Michael López, que considera “traería una situación fiscal difícil en un momento en el que la prioridad es la lucha contra la inflación en Brasil. Además, el techo de gasto implementado durante el Gobierno de Michel Temer dificulta mucho la capacidad de acción del Gobierno que entre en esta materia”.
Sin embargo, los datos son demoledores. En el 2022, más de 33 millones de brasileños confirmaron pasar hambre, según un informe publicado por la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria. La mayor cantidad en las últimas tres décadas. Cifras que pertenecen a los más de 150 millones de brasileños que cada día tienen inseguridad sobre si tendrán ganancias o comida suficiente para afrontar la jornada. Datos que convierten al hambre y la pobreza extrema en uno de los mayores desafíos del futuro gobierno.
Armas y lucha contra el crimen: dos posiciones encontradas
El aumento en la venta de armas durante el Gobierno Bolsonaro ha sido uno de los factores más polémicos que han rodeado a su Presidencia. La posición del líder ultraderechista y su entorno es muy clara: han apostado por ablandar las leyes de control de armas. Una decisión aplaudida por sectores como el agropecuario o el militar, pero que ha tenido consecuencias.
La primera de ellas es que desde 2019 se estima, según datos del Instituto Sou da Paz, que el número de armas en circulación ha aumentado en torno al 300%. Y que, además, este armamento vendido es mucho más potente que el de hace unos años.
En total, Jair Bolsonaro ha ejecutado 42 decretos que facilitan el acceso a las armas. Decisiones que han hecho que los civiles compren unos 1.300 artefactos de estos cada día, según los datos aportados por el Instituto Sou da Paz. Armas cuya compra no debe tener una justificación ante la policía sobre su uso.
Las nuevas leyes permiten que un civil pueda tener hasta seis armas para “uso personal” y comprar hasta 200 municiones al año, en lugar de las 50 que estaban permitidas antes. Normas laxas que lo son aún más para los llamados CAC (cazadores, tiradores y coleccionistas).
Los cazadores han pasado de poder portar 12 armas a 30, incluidas 15 de calibres grandes, como los fusiles. Y los tiradores deportivos pueden optar a tener 60 armas por persona, incluidas 30 de alto calibre, una cifra mucho mayor a las 16 que podían optar antes de que llegara al poder Jair Bolsonaro.
A esto hay que sumar que pueden optar a 5.000 municiones por año en armamento normal y 1.000 en armamento pesado.
Este aumento considerable de las armas ha sido justificado por el Gobierno actual y los sectores más próximos a él con los datos de bajada de homicidios en todo Brasil. Cifras que son ciertas y que han reforzado más el argumento de comprar armas para defender propiedades, en el caso de grandes terratenientes rurales, o la vida de una persona.
Gustavo Segré, por ejemplo, destaca que las invasiones a propiedades privadas “han descendido gracias al temor que tienen los delincuentes a que los propietarios usen estas armas. Y esto se ha producido sin llegar a la situación que viven otros países con cultura armamentística, como Estados Unidos”, indica.
Indicios de lo que puede convertirse en un aumento más repentino en los próximos años. Especialmente teniendo en cuenta que, si hay más armas y menos control, se puede favorecer que ese armamento vaya trasladándose de la legalidad a la ilegalidad. Y que, en un plazo, los grupos armados y criminales se beneficien de estas nuevas normas.
Un hombre dispara durante una sesión de entrenamiento un arma de alto calibre en Americana, estado de Sao Paulo, Brasil, el sábado 6 de marzo de 2021.AP - Andre Penner
La posición del Partido de los Trabajadores y Lula da Silva respecto a las armas siempre ha sido la de intentar regular lo más posible la situación. Los sectores feministas y afrobrasileños son los que más presionan para este objetivo, ya que las mujeres y la población afro son dos de las principales víctimas de armas de fuego. Durante su etapa en la oposición, Lula afirmó en más de una ocasión que prefería priorizar la “educación a las armas”.
Sin embargo, Lula y el PT han mantenido una posición algo más tibia sobre esta cuestión durante las últimas semanas de contienda electoral, al ser conscientes de que necesitaban ampliar la base de apoyo si quieren vencer en primera vuelta de forma holgada. Y dentro de esta posible base de votantes, el izquierdista ha fijado en su mirada en el sector rural y ha moderado su discurso contra las armas al alabar la “madurez” de los terratenientes armados y al apostar por una simple reducción en el número de armas que pueden poseer.
A pesar de fomentar una mayor regulación, la cuestión de la seguridad fue uno de los grandes lunares durante la Administración de Lula. Aunque consiguió reducir en más de tres puntos la tasa de homicidios durante su mandato, la sensación de inseguridad continuó aumentando en las áreas más pobres de las grandes ciudades, a pesar de los numerosos programas de ayuda que el Estado brasileño intentó implementar entre los más jóvenes.
Una visión internacional muy diferente de Brasil
Otra de las cuestiones que más han separado a los Gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro ha sido su política internacional, diametralmente opuesta en muchos aspectos.
Lula da Silva llegó al poder en 2003 en un momento en el que otros países de la región vivieron procesos similares que los llevaron a tener gobiernos progresistas, como en Chile, Venezuela, Argentina o Uruguay. Y en esta ola izquierdista latinoamericana Lula se convirtió en un referente y líder a nivel regional. Algo que Michael López atribuye, entre otras cosas, “a su gran carisma y talente diplomático. Cualidades que le hicieron un referente no solamente para la izquierda, sino a nivel global. No hay más que recordar que Lula mantuvo una buena relación con políticos como George W. Bush”.
De izquierda a derecha: el expresidente de Rusia, Dmitry Medvedev, el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente de China, Hu Jintao, y el ex primer ministro de India, Manmohan Singh, posan para la foto oficial de la cumbre de economías emergentes en el palacio de Itamaraty, en Brasilia, el jueves 15 de abril de 2010.AP - Eraldo Peres
Tanto para el socio de la consultora Arko Advise, como para el profesor Rafael Castilho, Lula consiguió proyectar de una forma “potente” a Brasil en el panorama internacional. Castilho destaca cómo Brasil fue parte activa de “las conexiones sur-sur entre países y economías emergentes, que abandonaban el eje de poder tradicional y cómo esta potencia fue parte fundamental de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), las economías en desarrollo más importantes del mundo”.
Una cuestión que trajo beneficio para Brasil ya que para Castilho “su crecimiento económico en la primera década de los 2000 vino de la mano de una alta inversión china, que se convirtió en su socio prioritario en el comercio internacional en un momento de constante crecimiento para Beijing”.
Y esta apuesta por asociar a las economías emergentes del mundo se dio sin descuidar a los actores tradicionales más poderosos, como Estados Unidos o la Unión Europea. Gestos como su “mayor conciencia con aspectos medioambientales y de la Amazonía le brindaron una gran popularidad entre los líderes europeos o el mismo Barack Obama”, señala Castilho.
Diferente es la situación para Jair Bolsonaro. El actual presidente brasileño llegó al poder en medio de un auge de la extrema derecha global, que estaba liderado por el expresidente Donald Trump en Estados Unidos. Una sintonía que se dejó ver desde un primer momento con el mandatario.
Sin embargo, Castilho considera que “aunque intentó diferenciar su política exterior de la del PT con un cambio ideológico, esto no repercutió en un aumento de los tratados comerciales con Estados Unidos”.
“Bolsonaro deterioró la relación con socios tradicionales como China y tensó las relaciones diplomáticas con grandes líderes dentro de la Unión Europea, como Macron, sin llegar a tejer una alianza sólida comercial entre miembros de su cuerda política”.
En esta foto de archivo del 7 de marzo de 2020, el presidente Donald Trump se da la mano antes de una cena con el presidente brasileño Jair Bolsonaro en Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida.AP - Alex Brandon
Una cuestión que empeoró todavía más tras la salida del poder de Trump en enero de 2021. Bolsonaro fue uno de los últimos líderes en reconocer su derrota, dando espacio a las teorías conspirativas lanzadas desde el círculo de influencia del expresidente estadounidense. Una cuestión que, como señala Gustavo Segré, ha hecho que “en los dos últimos años el mandatario brasileño haya estado muy aislado internacionalmente".
Para Michael López esto se debe a la “falta de carisma” del presidente en el panorama internacional y a un “notable problema de comunicación”. Aunque destaca que para Bolsonaro “la prioridad en estos años estaba en cuestiones domésticas, ya que carecía de grandes agendas internacionales” y matiza que “la situación geopolítica con la guerra de Ucrania y lo que ha supuesto para Brasil de cara al extranjero la gestión de la pandemia, ha mermado su imagen en el exterior”.
Las polémicas rodean las presidencias de Lula y Bolsonaro líderes, aunque afectan poco a su electorado
Las dos figuras políticas han tenido varias polémicas durante sus mandatos. Si analizamos el caso de Lula da Silva, la mayor de ellas es la corrupción. Lava Jato es una de las mayores investigaciones contra la corrupción que jamás ha habido en el planeta e implicó a miles de personas del establecimiento político brasileño que recibieron sobornos de numerosas empresas privadas a cambio de contratos públicos.
Esta cuestión afectó de lleno al Partido de los Trabajadores y al propio Lula da Silva, que llegó a estar más de 20 meses en prisión por supuestamente recibir sobornos y propiedades. Esta cuestión minó prácticamente de forma total su poder político hasta que una serie de investigaciones facilitaron las pruebas de que el juez Sérgio Moro, encargado de mandarle a prisión, había cometido prevaricación.
El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, es cargado por simpatizantes frente a la sede del sindicato de trabajadores del metal en Sao Bernardo do Campo, Brasil, el sábado 9 de noviembre de 2019, poco después de ser liberado de prisión.AP - Nelson Antoine
El debate sobre la culpabilidad o no del expresidente es candente en Brasil. Lula mantiene que fue declarado “inocente”, aunque esto “no es del todo cierto”, como expresa Michael López. “Los casos de Lula fueron anulados por un defecto de forma. El expresidente fue condenado a prisión cuando todavía no había agotado todos los recursos de apelación, algo que obviamente fue un error judicial. Pero nunca se llegó a analizar el fondo, por lo que no se pudo determinar si Lula estaba implicado en esos casos o no”.
La cuestión de la corrupción es un gran problema para el Partido de los Trabajadores y para el propio Lula, ya que durante su gobierno “no supieron enfrentar este mal sistémico que afectaba a Brasil desde hace décadas y, de hecho, llegaron a formar parte del mismo problema”, según indica el profesor Castilho.
Por su parte, las polémicas que rodean a Bolsonaro más fuertes son las que tienen que ver con la erosión democrática que ha supuesto para el Estado brasileño su legislatura en el poder. Para el profesor Castilho, Bolsonaro es “un peligro para la democracia brasileña”.
El presidente ha adoptado “una postura de vandalismo institucional que mina las capacidades de las instituciones democráticas y las desgasta poco a poco con el objetivo de destruirlas. Todo ello mientras la capacidad de la sociedad para responder a estos ataques también queda neutralizada”. Para el sociólogo, el ejemplo queda claro al reflejar sus constantes luchas con el poder judicial o algunos políticos locales y regionales.
Por su parte, Michael Lopez destaca que dentro de sus puntos negativos está la gestión de la pandemia. “Bolsonaro se mostró como en líder negacionista incapaz de comunicarse y sentir empatía por el pueblo en un momento complicado. Su negativa hacia las vacunas le dio una imagen muy mala”.
A ello suma que su abanderada lucha contra la corrupción “tampoco fue firme”, ya que “varios escándalos” han salpicado a su entorno e incluso a su familia.
Los dos analistas coincidieron en que estas polémicas “apenas tendrán un efecto para el electorado de cada parte debido a la gran polarización que tiene Brasil”.
Estos son algunos de los puntos más importantes que destacaron en los Gobiernos de Lula da Silva y Jair Bolsonaro. Cuestiones fundamentales en la coyuntura actual de Brasil que podrían marcar el futuro gobierno y que, en muchos casos, constatan la profunda división entre dos candidatos conocidos para el electorado brasileño que tienen en su gestión la prueba que los hace ser alabados y criticados por sus seguidores y detractores.
Mientras Washington daba origen a un nuevo orden mundial, basado en leyes creadas por congresos, y donde la sucesión presidencial era la clave, mediante elecciones, el voto directo y secreto de sus habitantes y campañas electorales, permitiendo a cada estado tener al mismo tiempo su propio territorio, gobernador, sus propias leyes, todos unidos mediante un presidente, un congreso, una corte federal, un ejército único, en un nuevo modelo, llamado gobierno federal de los Estados Unidos de América.
Pero USA, al igual que los conquistadores europeos, que propiciaban, financiaban, armaban y sembraban cizaña entre los indígenas, para que libraran guerras entre ellos, como mecanismo de debilitarlos, para luego someterlos.
Inglaterra primero y luego Estados Unidos, propiciaron, financiaron y armaron a los emergentes países latinoamericanos, para que dividieran sus territorios y se mataran entre sí, como fue el caso de la última guerra entre países de Sudamérica, la guerra de 1941 y las siguientes entre Ecuador y Perú, que se origina por la entrega por parte de Estados Unidos al Perú, en 1936 por el presidente Delano Roosevelt, de la mayor parte del territorio amazónico y todas las desembocaduras en el Amazonas, de los ríos originarios en los Andes de ecuatorianos, que eran la mayor fuente de caucho para Iquitos, uno de los mayores proveedor de caucho de los Estados Unidos, desde comienzos del siglo XX y muy importante ante la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial, para las llantas de su vehículos terrestres y aviones. Esta disputa terminó con la firma del tratado de Itamaratí en 1998. Pero desde el nacimiento de UNASUR, luego de CELAC, y tras el deterioro de la OEA, llamada por Fidel Castro, el ministerio de las colonias latinoamericanas de USA,visible en el fraude electoral de Bolivia, para evitar la reelección de Evo Morales,
se está estructurando un nuevo orden, en el que los países latinoamericanos se unen para destruir las fronteras entre ellos y la frontera que existen al sur de Estados Unidos.
Hoy el gobierno de Lasso pretende enterrar definitivamente UNASUR volviendo a regalar la sede en la Mitad del Mundo en Ecuador al Consejo Nacional de la Judicatura.
Esto, tras el fracaso de Lenin Moreno de regalarlo a la CONAIE, para una universidad indígena.
Confederación Perú-Boliviana: el breve "país" que existió por menos de 3 años en América del Sur y por qué se disolvió
Pierina Pighi Bel (@PierinaPighi)
BBC News Mundo
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Lima temía perder importancia en la vida del país (grabado de la ciudad a fines de 1839).
Era considerada como "la prolongación histórica del legendario y fabulosamente rico Virreinato del Perú", según contaba el historiador chileno Hernán Ramírez Necochea en 1961.
Se trataba de la "Confederación Perú-Boliviana", un ambicioso proyecto que unió las nacientes repúblicas de Perú y Bolivia. Aunque por muy poco tiempo.
De hecho, desde que la entidad nació, en 1836, enfrentó fuerzas internas y externas que empujaron hacia su destrucción, que finalmente ocurrió en 1839.
¿Cómo surgió la idea de juntar a estos dos países y por qué fracasó tan rápido?
Antecedentes comunes
En la década de 1830 —o antes incluso—, el proyecto de unir a Perú y Bolivia "estaba en el ambiente", le dice a BBC Mundo la historiadora boliviana Marilú Soux.
Los peruanos y bolivianos que estaban a favor de federar las dos repúblicas alegaban razones geográficas, históricas, económicas y antropológicas que se remontaban cientos de años en el tiempo, cuenta Jorge Basadre, destacado historiador peruano del siglo XX, en su libro "Historia de la República del Perú, 1822-1933".
En tiempos prehispánicos, las etnias quechuas y aimaras habían compartido durante siglos el Altiplano —región alrededor del lago Titicaca— y las civilizaciones inca y tiahuanaco habían tenido influencia en los territorios de ambos países.
Ya en la colonia, el actual territorio de Bolivia correspondía a la Audiencia de Charcas, que formó parte del Virreinato de Perú durante la mayor parte de su existencia. De hecho, el lugar era conocido como el "Alto Perú".
Las minas de plata de Potosí, también en Bolivia, eran una importante fuente de riqueza virreinal peruana.
En cuestiones comerciales, el puerto más propicio para La Paz (actual capital administrativa de Bolivia) era el de Arica, que pertenecía a Perú en ese momento.
Además, las regiones del sur de Perú tenían un "tráfico comercial constante" con Bolivia, mayor incluso que el que tenían con el norte de Perú, detalla Basadre.
Estas y otras circunstancias alimentaban la idea de la unión peruano-boliviana.
El general paceño Andrés de Santa Cruz -presidente del Consejo de Gobierno de Perú entre 1826 y 1827 tras la caída del Virreinato, y posteriormente presidente de Bolivia (1829-1839)- también compartía este planteamiento.
El caudillo "estaba muy influenciado por la idea de la federación de los Andes de Simón Bolívar", le explica el historiador peruano Cristóbal Aljovín a BBC Mundo.
Pero hizo falta un periodo de fuerte anarquía y revueltas internas en Perú para que Santa Cruz pudiera concretar el proyecto.
Nacimiento y funcionamiento de la Confederación
Para 1835, la política peruana estaba sumida en el caos.
El entonces presidente, Luis José de Orbegoso, enfrentaba fuertes levantamientos contra su gobierno en la costa y en el sur del país.
El caudillo Felipe Santiago Salaverry tomó el poder por la fuerza en rebeldía contra Orbegoso.
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Al sentirse amenazado, Orbegoso pidió ayuda militar al general paceño Santa Cruz, para "pacificar" el país.
A cambio, Orbegoso le entregó a Santa Cruz sus facultades de gobernante de Perú y aceptó formar asambleas en el norte y el sur de Perú para que decidieran sobre la posible unión con Bolivia.
En la época, los partidarios de juntar a ambos países no se ponían de acuerdo sobre cuál debía ser la región hegemónica.
Entonces, la propuesta de Santa Cruz fue dividir a Perú en dos -el estado norperuano y el surperuano- y acoplarle Bolivia, para que fueran "tres estados confederados y no hubiera supremacía territorial por parte de Perú, sino que al dividirlo quedara un peso más equitativo", le dice la historiadora peruana Scarlett O'Phelan a BBC Mundo.
Luego de pactar con Orbegoso, Santa Cruz envió 5.000 soldados bolivianos y, para febrero de 1836, ya había logrado aplastar todas las rebeliones.
"Eliminado Salaverry, quedó Santa Cruz dueño del Perú", escribe Basadre en "Historia de la República de Perú".
En marzo de ese año, se creó el estado surperuano, y en agosto, el estado norperuano.
Ambas regiones, junto a Bolivia, reconocieron a Santa Cruz como "Supremo Protector" de la Confederación Perú-Boliviana.
En octubre de 1836, Santa Cruz firmó un decreto que creaba oficialmente la Confederación.
Pero la nueva entidad no tuvo mucho tiempo para consolidarse.
Cómo funcionaba la Confederación
Los tres estados acordaron que cada uno tendría su propio gobierno, pero que estarían sujetos "a la autoridad del gobierno general", que se encargaría de las funciones diplomáticas, militares y económicas de la Confederación y de elegir a los presidentes de los estados, detalla Basadre.
El gobierno general estaba a cargo del protector Santa Cruz, por un periodo de 10 años y con derecho a reelección.
Como parte de su mandato, "Santa Cruz planteó un hecho curioso, que la capital estuviera donde él estuviera", le dice Aljovín a BBC Mundo. "Era una forma elegante de evitar el pleito de cuál era la capital".
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La Audiencia de Charcas perteneció al Virreinato de Perú.
En temas de comercio marítimo, se asignó una aduana común en el puerto de Arica para el Estado Sur-Peruano y Bolivia.
"En el proyecto de Santa Cruz era fundamental que Bolivia volviera a contar con Arica. Era un proyecto mucho menos ideológico que práctico, era contar con una salida al mar a través de Arica", le cuenta el historiador chileno Gonzalo Serrano a BBC Mundo.
Pero las reglas de la Confederación y la entidad misma generaron descontento casi desde que nació, dentro y fuera de sus fronteras.
Rechazo a la Confederación
En Bolivia, por ejemplo, mientras "los crucistas veían que Bolivia tenía la sartén por el mango" y apoyaban la Confederación, había algunos sectores a los que les molestaba "que Perú se dividiera en dos, porque en cualquier toma de decisión serían dos contra uno", apunta Soux.
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En Perú la idea de la Confederación era popular en el estado surperuano. Pero en el estado norperuano "se notaron desde un principio síntomas de resistencia contra el nuevo orden de cosas", cuenta Basadre.
Esta región vio afectado su negocio de exportación de azúcar a Chile y no tenía la misma conexión con el estado surperuano que este tenía con Bolivia.
Además, Lima, la capital peruana desde el virreinato y ubicada en el estado norperuano, temía perder relevancia en la vida del país frente al sur y las regiones andinas.
La Confederación también contaba como enemigos a los caudillos peruanos que se habían levantado contra Orbegoso y a los que el protector Santa Cruz había derrotado.
Muchos de ellos se habían exiliado en Chile, precisa Aljovín, y esperaban el momento de cobrar su revancha.
Figura contradictoria de Santa Cruz
Pero no solo la Confederación causaba descontento. La figura de Santa Cruz suscitaba reacciones contradictorias.
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Era hijo de padre peruano, madre boliviana, estaba casado con una cusqueña y había sido presidente de ambos países.
"Él sentía que tenía un pie en Perú y otro en Bolivia, entonces tenía un serio problema de identidad. El equilibrio fue la Confederación. Yo creo que de alguna manera esta Confederación ponía estabilidad a su problema de identidad", señala O'Phelan.
Como consecuencia de esta "doble" nacionalidad, "Santa Cruz parecía peruanófilo para los bolivianos y los peruanos lo miraban como boliviano", cuenta Basadre, además de que creían que le habían entregado un "poder omnímodo".
Pero pronto se lo habrían de quitar.
Recelos de Chile y Argentina
Fuera de las fronteras de la Confederación, el proyecto despertó los recelos de Argentina y sobre todo de Chile, que mostró la determinación de que el proyecto integracionista desapareciera.
El ministro chileno de Guerra, Diego Portales, encarnó la oposición inicial de su país contra la Confederación.
Portales buscaba "el balance de poder en el Pacífico sudamericano", escribe Basadre, y sentía que la unión de Perú y Bolivia era una amenaza para su país.
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Diego Portales
En una famosa carta de septiembre de 1836, Portales escribió: "la posición de Chile frente a la Confederación Perú-Boliviana es insostenible" y "no puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el gobierno, porque ello equivaldría a su suicidio".
Escribió también que "unidos estos dos estados aun cuando no sea más que momentáneamente serán siempre más que Chile en todo orden de cuestiones y circunstancias", que "la Confederación debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América" y que Chile debe "dominar para siempre en el Pacífico".
En ese momento, el puerto del Callao, en Perú, y Valparaíso, en Chile, que ya era bastante importante, competían por ser "el 'hub' portuario del Pacífico Sur", cuenta Aljovín.
Además de la rivalidad comercial y económica, "en Santiago había temor de que esta unión recreara el virreinato de Perú, del que Chile siempre había sido dependiente", dice O'Phelan.
"La idea de Portales era acabar con la Confederación antes de que se consolidara; si no, iba a ser mucho más difícil destruirla".
Así que en diciembre de 1836, Chile declaró la guerra a la Confederación, por supuestamente "amenazar la independencia de otras repúblicas americanas" y por el "temor ante el predominio de la Confederación en el Pacífico", escribe Basadre.
En mayo de 1837, Argentina también declaró la guerra.
Poco después, en junio de 1837, Portales fue asesinado en un motín. Sin embargo, su país mantuvo la decisión de enfrentarse a la unión perú-boliviana.
Expediciones restauradoras
Este objetivo contaba con el apoyo de los militares peruanos exiliados en Chile desde la rebelión contra Orbegoso, "que eran contrarios a Santa Cruz, a quien veían como extranjero y como un impedimento para desarrollar su proyecto político", le dice Serrano a BBC Mundo.
Para ellos, aceptar el gobierno de Santa Cruz "era renunciar a la posibilidad de volver a gobernar Perú".
En este contexto, algunos chilenos "no sentían que peleaban contra Perú, sino que iban a liberar al país de Santa Cruz, que le iban a hacer un favor", añade Serrano.
Chile envió su "primera misión restauradora" en septiembre de 1837, un ejército que incluía a soldados y oficiales peruanos, al mando del chileno Manuel Blanco Encalada.
Al enfrentarse, el ejército de Santa Cruz rodeó a las tropas restauradoras y terminaron firmando un tratado de paz en Paucarpata.
Sin embargo, Chile repudió este acuerdo.
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En 1839 se disolvió la Confederación.
Así que en julio de 1838 partió la segunda expedición restauradora chilena, que también incluía a peruanos, al mando de Manuel Bulnes.
Además, "diversas ciudades del norte, poco antes o poco después, realizaron abiertos movimientos separatistas", dice Basadre.
Meses después de permanecer en el territorio peruano y de avanzar sobre Lima, el 20 de enero de 1839 el ejército restaurador y el ejército confederado se enfrentaron en la batalla de Yungay, donde vencieron los restauradores.
Tras la victoria, Chile se retiró de Perú. Santa Cruz partió a Lima y luego, a Arequipa. Finalmente murió en Francia en 1865.
Ante la derrota de su proyecto en 1839, casi de inmediato desapareció la división entre los estados sur y norperuano y la Confederación se deshizo.
"Elemento unificador"
La caída "fue un elemento unificador" en Chile, dice Aljovín. De hecho, produjo en el país "una intoxicación nacionalista que llegó hasta el alma del pueblo", escribe Basadre.
Mientras tanto, Perú y Bolivia dejaron de lado una aspiración que nunca más repitieron en el futuro, según escribe Basadre: "Pese a todos sus defectos y errores, Santa Cruz les dio a Bolivia y al Perú siquiera una ráfaga de algo que hubo en su historia colonial y que falta casi permanentemente en la historia republicana: la ilusión de lo grande, el sueño imperial". Confederación Per