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Empresas aceptan pagar 26.000 millones de dólares por la crisis de opioides en EE.UU.
Tres distribuidoras y una farmacéutica desembolsarán el dinero para poner término a miles de demandas, en el marco de la epidemia de muertes por sobredosis.
Un médico trata a un paciente con presunta sobredosis con un opiáceo.
Las tres mayores distribuidoras de medicamentos de Estados Unidos y la farmacéutica Johnson & Johnson (J&J) aceptaron pagar unos 26.000 millones de dólares en compensaciones por su supuesto papel en la crisis de los opioides y poner así término a miles de demandas, anunciaron este miércoles (21.07.2021) las autoridades de Justicia estadounidenses.
El histórico acuerdo pondrá fin a unas 4.000 causas impulsadas por numerosos estados y ciudades del país contra las cuatro empresas y ofrecerá importantes fondos para apoyar a las comunidades más afectadas por la adicción y las sobredosis con este tipo de medicamentos. J&J aceptó pagar 5.000 millones de dólares en nueve años, y los tres distribuidores 21.000 millones en 18 años.
"Johnson & Johnson, McKesson, Cardinal Health y Amerisource Bergen no sólo prendieron la mecha, sino que alimentaron el fuego de las adicciones a los opioides durante más de dos décadas. Hoy, estamos haciendo responsables a estas empresas e inyectando decenas de miles de millones de dólares en comunidades de todo el país”, señaló la fiscal general del estado de Nueva York, Letitia James.
Medio millón de muertos
Por el momento, el pacto tiene carácter de tentativo, pues corresponde a cada estado y localidad pronunciarse sobre una eventualidad aprobación. Si un número suficiente de ellos lo apoya, se hará efectivo y los firmantes comenzarán a recibir los pagos de las empresas. El acuerdo ya fue dado por bueno por Nueva York, Carolina del Norte, Connecticut, Delaware, Luisiana, Pensilvania y Tennessee, pero todavía debe recibir el visto bueno de varios otros estados en un plazo de 30 días, y de numerosas comunidades en 150 días.
La promoción agresiva de medicamentos contra el dolor muy adictivos desde mediados de la década de 1990 es considerada por muchos como el desencadenante de la crisis de los opiáceos, que ha provocado más de 500.000 muertes por sobredosis en los últimos 20 años en Estados Unidos. En 2020, según datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud, murieron casi 70.000 personas por esta causa en el país, un incremento del 30 por ciento sobre la cifra del año anterior, que ya había sido un récord.
El acuerdo cubre únicamente a las cuatro empresas mencionadas, por lo que continuarán adelante las miles de acciones que hay en curso contra otras empresas, incluidos fabricantes y las grandes cadenas de farmacias.
ANALISIS ESCRITO. La pandemia del covid 19 ha sido particularmente grave en el Continente Americano, empezando por Estados Unidos y México o en Sudamérica.
En Estados Unidos marca el comienzo del fin del imperio industrial norteamericano, que rápidamente evoluciona hacia una economía de la mente humana, donde lo más valioso dejó de ser la producción industrial que le llevó a se la potencia victoriosa de la Segunda Guerra Mundial, ahora tiene la capacidad de controlar la mente de los seres humanos, mediante sus películas, noticias, redes sociales y buscadores.
Pero América Latina ha pasado a ser su principal fuente de materias primas de mano de obra barata y mercado de sus productos inteligentes.
En el Continente Americano se vive cambios dramáticos pero no como procesos evolutivos sino como un shock. Estos cambios van desde una nueva relación con el tiempo, la velocidad y las distancias, en que todo es mas rápido, sin fronteras, las máquinas desplazan a los seres humanos, y crean nuevas opciones que aún son inimaginables.
También se vive un cambio drástico en la relación con la naturaleza, donde el orden natural está siendo alterado de maner brusca y se traduce en tormentas, sequías, incendios, plantaciones, deforestación, sobrepesca, contaminación y extinción masiva.
Pero lo mas caótico es el crecimiento urbano, la capacidad de los países y de las ciudades de soportar una explosión demográfica, de necesidades incontrolables y que se traduce en violencia. Esto ha convertido al continente, desde Estados Unidos, en una olla de presión a punto de estallar, con violencia racista, sexista, generacional, lucha social de ricos contra pobres. en fin, es un hervidero.
El problema de Venezuela puede ser el punto de partida de una tercera guerra mundial, pero además se vive en Sudamérica el conflicto entre el neoliberalismo o capitalismo desbocado y el llamado Socialismo del Siglo XXI o socialismo sudamericano, que los países desarrollados llaman populismo sudamericano, que es lo contrario que el populismo euro-norteamericano o populismo blanco de derecha.
En el socialismo del SXII, lo que se quiere es que el Estado sea el mayor inversionista y propietario de las megaobras, el mayor inversionista social en la educación, la salud y los servicios básicos, no hay confiscación de bienes, como en el comunismo, ni hay exclusión de partidos o religiones, hay elecciones libres, y frecuentes, en el Populismo blanco o de derecha, lo que se busca es retomar la superioridad racial blanca, sexual del hombre y la violencia intimidatoria, que fue la fórmula usada por los imperios europeos para colonizar y subordinar el 82% del planeta.
Pero la pandemia ha acelerado los procesos de desarrollo de la economía de la mente con la Internet, y las comunicaciones satelitales que le dan USA su supremacía en el continente. En cambio en América Latina, se vive el descontento popular en todas las formas, en Chile contra la supremacía masculina, en Bolivia hay una disputa entre indígenas y mestizos, en Colombia un renacer de las FARC, en Brasil las protestas antifascistas y contra el ecocidio, En Ecuador se vive el uso de las leyes, la Asamblea, el Consejo Nacional de la Judicatura, y las elecciones para saldar venganzas personales el presidente Lenin Moreno y sus aliados de la derecha, los dueños de los grandes medios, los banqueros, losi ndígenas y los profesores que perdieron privilegios en el gobierno de Correa.
Pero estas señales de deterioro en el Continente, alertan al mundo de una próxima guerra de proporciones, en que se destruya sea sobre todo la naturaleza y con ello se acelere el deterioro que el ser humano está produciendo el el planeta, pues el conflicto que ya está en curso, es en la zonas biológica y culturalmente mas diversa de La Tierra, y puede ser el punto del partida del fin de la especie humana aquí.
La pandemia nos ha permitido visualizar como los trastornos que afectan a un país, ahora pueden propagarse a todos, y que esto puede llevar al colapso como han sido estos 6 meses desde marzo a septiembre, en que la movilidad humana es lo que mas se ha lesionado y con ella la economía global.
Resta por saber si es posible que el deterioro en el Continente Americano puede tener proporciones catastróficas, pues hasta ahora solo se lo ha visto como un problema de países.
Esta a la vista que la guerra va a empezar en Venezuela y en el Muro de Trump, el muro que separa América Latina de Estados Unidos y esta guerra ya está en curso, Se trata de un enfrentamiento de gente desarmada que quiere escapar de sus países, y que se convierten en mártires de la pobreza en manos de supremacistas blancos llamado a si mismo Patriotas y de una policía fronteriza o una guardia costera que tiene la capacidad de burlarse de la ley como cuando capturan en aguas internacionales a supuestos narcos y no los juzgan donde corresponde sino donde les conviene o los tienen presos en Guantánamo
Coronavirus: Entrevista con la investigadora Jennifer Hillman: "Hay mecanismos para que la vacuna se distribuya equitativamente, la cuestión es si los países y compañías harán uso de ellos"
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionDecenas de científicos de todo el mundo trabajan en el desarrollo de una vacuna contra la covid-19.
Una pregunta que muchos se plantean en estos momentos es: ¿cuándo terminará esta pandemia de covid-19?
Cuando se logre crear una vacuna segura y eficaz contra el coronavirus que ha provocado cientos de miles de muertes, contestan algunos.
Y la pregunta que sigue a esto es: ¿quiénes podrán contar con ella?
Si juzgamos por lo que ha mostrado la historia, es probable que esa vacuna -como ha ocurrido con muchos tratamientos para enfermedades mortales en el pasado- se vea envuelta en una maraña de patentes y derechos de propiedad intelectual, y que eventualmente sean las compañías farmacéuticas las que decidan quién puede tener o no acceso a esa vacuna.
Pero en un artículo publicado recientemente en la revista Foregin Affairs, Jennifer Hillman, investigadora del Council on Foreign Relations, un centro de estudios estadounidense con sede en Nueva York, y profesora del Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown, Washington, asegura que las patentes no necesariamente obstaculizarán la distribución equitativa de la vacuna.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage caption¿Cuán probable es que la vacuna contra el coronavirus se vea envuelta en una maraña de patentes y derechos de propiedad intelectual?
Hillman, quien fue miembro del Órgano de Apelación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de 2007 a 2011 y encabezó la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. de 1998 a 2007, indica que "con ingenio y buena voluntad global será posible superar muchos de los obstáculos posibles".
Y expresa que la mejor forma de asegurar que la vacuna llegue a todos los que la necesitan es que los países "trabajen en cooperación y en cumplimiento de las reglas de la OMC, para evitar que las protecciones comerciales y los derechos de propiedad intelectual sean una barrera para la salud pública".
BBC Mundo conversó con Hillman para saber cuán sencilla o complicada será esta tarea. Esta es una versión resumida de la entrevista.
Derechos de autor de la imagenTWITTERImage captionJennifer Hillman es profesora del Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown, Washington.
Usted se muestra optimista de que, en esta emergencia de salud global, las compañías y gobiernos puedan cooperar para que los medicamentos y terapias lleguen a los que los necesitan. Pero lo que hemos visto en estos tres meses de pandemia está muy lejos de ese objetivo.
Por ejemplo, ante la escasez de equipos de protección para los trabajadores de salud, como las mascarillas respiratorias N95, muy pocas compañías en Estados Unidos pueden fabricarlas debido a las patentes que restringe su producción. En ese país la empresa 3M tiene más de 400 patentes para equipos de protección médicos.
Es una situación poco ideal, ¿no es así?
Creo que desde la crisis del VIH y el sida hemos aprendido muchas lecciones y lo que yo intenté en el artículo (de Foreign Affairs) fue enfocarme en estas lecciones.
Las compañías aprendieron muchas lecciones, porque la industria (farmacéutica) en general entendió lo mal que se vio que tanta gente estuviera sufriendo de VIH y sida y que el precio de los medicamentos fuera tan costoso.
La pregunta es si esas lecciones se podrán aplicar ahora.
No sé si, como dices, actualmente hay compañías que están poniendo en vigor sus patentes.
Pero las empresas ya se dieron cuenta de que van a tener que conceder más licencias para que otros comercialicen sus productos patentados.
Y tendrán que hacerlo a precios razonables o hacer que sus productos sean más baratos.
Todavía no estamos en ese punto, pero al menos en lo que respecta a vacunas y fármacos ya existen mecanismos disponibles para lograrlo.
La cuestión es si los países y compañías van a hacer uso de estos o no.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionEl mundo tiene puestas las esperanzas en una vacuna contra el SARS-CoV-2.
Como usted misma lo ha señalado, desde que la pandemia comenzó, la OMC ha sido el blanco de fuertes críticas por sus regulaciones para la protección de derechos de propiedad intelectual, especialmente en el caso de invenciones farmacéuticas, como medicinas y vacunas. Estas, como lo hemos visto, sí pueden ser una barrera para la protección de la salud pública ¿no es así?
El Acuerdo de la OMC sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC) entró en vigor en 1996 y forzó a muchos países en desarrollo a proteger las patentes farmacéuticas, lo que aseguró el derecho de las compañías farmacéuticas de cobrar por sus productos lo que el mercado estuviera dispuesto a pagar.
Esto condujo a tensiones y disputaspor el acuerdo ADPIC, que enfrentó a gobiernos de países en desarrollo con poderosas compañías farmacéuticas y los países ricos donde estas compañías tenían las sedes.
Desde entonces el acuerdo ADPIC ha tenido varias enmiendas dirigidas a proteger la salud púbica y el acceso a medicamentos para todos.
Está, por ejemplo, el concepto de la llamadalicencia obligatoria, que quiere decir que un gobierno que enfrenta una emergencia de salud puede obtener una licencia para producir un fármaco localmente sin la autorización de los dueños de la patente.
El acuerdo ADPIC se enmendó para aclarar las condiciones bajo las cuales los países pueden tener acceso a estas licencias obligatorias.
Y la segunda parte del problema es que se asumió que los países tenían la capacidad farmacéutica para producir localmente estos fármacos, pero no es así.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEsta especie es "casi lo más parecido que tenemos a los humanos", dijo el Instituto Jenner. Por eso el Macaco rhesus es clave para encontrar la vacuna del coronavirus.
Muchos no tienen una industria farmacéutica sofisticada, así que ¿para qué quieren esos gobiernos una licencia farmacéutica si no pueden producir nada?
Entonces, el acuerdo ADPIC también se enmendó para asegurar que esos países que no tienen capacidad de producción puedan comprar a otros países esos fármacos genéricos creados bajo licencia obligatoria.
Y muchas empresas farmacéuticas, queriendo evitar el estigma y la carga financiera de una licencia obligatoria, han optado por adoptar enfoques más generosos y que han conducido a la reducción de los precios de sus productos.
Yo no creo que las licencias obligatorias sean la mejor ruta.
Es mucho más deseable negociar con las compañías las licencias a precios razonables o lograr la distribución de los fármacos o vacunas también a precios razonables.
Esto es mucho mejor para todos que el sistema de licencias obligatorias.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionAhorrar entre tres y seis meses en el proceso para desarrollar una vacuna permitiría salvar miles de vidas.
En efecto, durante la epidemia del VIH y el sida,en la década de 1990, vimos cómo se negociaron las licencias de los tratamientos antirretrovirales para poder reducir su costo y lograr que África y otras regiones en desarrollo tuvieran acceso a ellas. Recordemos que estas terapias significaron una drástica reducción en las muertes de los pacientes con VIH y sida.
Pero tuvieron que pasar 10 años -y decenas de miles de muertes- desde que los medicamentos fueron aprobados en Estados Unidos (en 1996), con un costo de US$10.000 por paciente por año, hasta que fueron producidos de forma genérica (2006), con un costo de US$200 por paciente por año.
¿Veremos ahora lo mismo con una vacuna contra el coronavirus? ¿Tendrán que esperar 10 años los países más pobres?
Estoy de acuerdo, así fue. Pero desde entonces han ocurrido muchas cosas.
Primero, ahora han sido creados sistemas innovadores de financiamiento para fármacos.
Tenemos, por ejemplo, el trabajo de la Fundación de Bill y Melinda Gates, tenemos organismos como la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), hemos visto el esfuerzo dirigido por la Unión Europea para crear un fondo (Respuesta Global al Coronavirus) de US$8.000 millones.
Hay una serie de compromisos globales para compartir patentes, hay mucho más trabajo colaborativo entre la OMS, la OMC y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), que están trabajando para crear sistemas de recursos colectivos.
Estos son recursos colectivos para compartir tanto información de patentes como los datos en los que están basadas las patentes.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLa Fundación de Bill y Melinda Gates apoya el desarrollo de nuevas vacunas.
Tenemos el Open Covid Pledge (Compromiso Covid Abierto) para compartir propiedad intelectual para combatir la covid-19, y esto es un esfuerzo muy grande en el que participan universidades, ONG y algunas compañías farmacéuticas.
Todos ellos están diciendo: "Me comprometo a que si puedo inventar (un fármaco o tratamiento) no cobraré por ello y concederé licencias de manera gratuita y mantendré el derecho a eventualmente volver a tener esa patente".
En otras palabras, durante la pandemia de covid-19 cederé de forma gratuita mis patentes y después de la pandemia reclamaré el uso futuro de mis patentes.
Es decir, la idea es no tener acceso temporalmente a ninguna regalía por propiedad intelectual.
Sin duda hay mucho optimismo y buena voluntad en gran parte del mundo para luchar contra esta pandemia. Pero hace unos días, en la 73a Asamblea de la OMS, EE.UU. decidió no apoyar la sección de la resolución que se refería al acuerdo ADPIC y el derecho de los países en desarrollo de solicitar licencias obligatorias e ignorar patentes en situaciones de emergencias de salud.
¿Es este otro ejemplo de que, en la práctica, las cosas no son ideales?
No estoy sugiriendo que lo sean.
Existen los mecanismos e incentivos y la voluntad de países para cooperar y ver que esta es una pandemia global que requiere una solución global.
Pero estoy de acuerdo contigo.
Va a tomar mucho más esfuerzo de cooperación para que los países vuelvan a pensar en este asunto y se den cuenta de que no es tiempo de que las compañías refuercen sus derechos de patentes.
Pero hay que recordar que la idea detrás de las licencias obligatorias en el acuerdo ADPIC era que estas tenían que ser limitadas.
Cuando otorgas una licencia obligatoria, estás negando la patente de alguien más, sin su consentimiento.
La idea es que tú necesitas la licencia obligatoria porque tu pueblo necesita el acceso a los medicamentos.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLas mascarillas siguen siendo una de las principales herramientas para no contagiarnos y ni contagiar la covid-19.
Pero esto debe estar limitado a aquellos que realmente lo necesitan.
Si tú eres un país que puede pagar por el derecho de patente y la tarifa por la licencia, entonces debes pagar por ella.
Esto, en parte, es la distribución de ingresos.
Porque existe la evidencia de que desarrollar vacunas cuesta mucho dinero: pueden costar más de mil millones de dólares por vacuna.
Entonces, la pregunta es cómo recuperar esos mil millones de dólares.
¿Deben pagar por ello los gobiernos? ¿o parte de esto debe surgir de quienes pueden pagar por la vacuna?
Países como Chile y Ecuador ya solicitaron licencias obligatorias para productos farmacéuticos en esta pandemia. Pero usted dice que la licencia obligatoria no es la mejor solución. ¿Cuál es la mejor solución?
No, sí creo que es importante que existan las licencias obligatorias y creo que, ciertamente, hay mucha más presión para las compañías farmacéuticas con la existencia de la licencia obligatoria.
Pero no creo que los países estén poniendo en vigor los mecanismos necesarios para utilizar realmente las licencias obligatorias.
Ha habido muchos cambios en el acuerdo ADPIC y se han hecho esfuerzos para que los países entiendan que tienen ese derecho, pero en la práctica esto no ha sido utilizado mucho.
Así que la pregunta ahora es si en esta pandemia ese derecho será utilizado más por los países, principalmente por los que tienen capacidad de producción farmacéutica, y si estos países tienen las leyes apropiadas en sus propias jurisdicciones para tomar ventaja de este derecho.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEn tiempos de coronavirus es sano mantener la distancia.
Por eso he querido hablar y escribir sobre esto, para que los países que tienen la capacidad de obtener licencias obligatorias se aseguren de tenerlas y que estén preparados para ello si es que llegamos a ese punto.
Hay que subrayar que el ideal será usar los mecanismos de cooperación que están en vigor desde la crisis del VIH y el sida.
Si estos mecanismos dejan de funcionar, si la compañía farmacéutica que logre crear la vacuna no está dispuesta a cooperar, entonces allí estará el respaldo de la licencia obligatoria.
Pero soy optimista.
Creo que las leyes de propiedad intelectual no se impondrán en la distribución justa de una vacuna.
No veo que una compañía farmacéutica pueda decir: "Esta (vacuna) es mía y no la compartiré con nadie a menos que me paguen mil millones de dólares".
La presión política y económica y la de todo el mundo podría llevar a que eso no ocurra.