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A Guerra do Afeganistão foi a grande derrota da União Soviética, que se gabava de não ter perdido nenhuma guerra, essa derrota destruiu a URSS, que desapareceu em 3 de dezembro de 1991, mas antes disso o chamado Pacto de Varsóvia entrou em colapso, o que significava a saída das tropas russas e da KGB dos países do Leste Europeu, a queda do Muro de Berlim, a reunificação da Alemanha, o mais cruel invasor da história da URSS, que devastou o território daquele país na Segunda Guerra Mundial.
A derrota do Afeganistão em 1979 produziu o desmembramento da URSS, começando pelas repúblicas bálticas, como Estônia, Lituânia e Letônia, que foram seguidas pela Chechênia, que falhou em sua tentativa, mas a Geórgia conseguiu, embora tenha perdido parte de sua território como a Abkhazia, e agora a separação irreversível da Ucrânia.
Mas a derrota da Rússia contra a Ucrânia é um pouco pior do que a derrota no Afeganistão, porque implica o possível fim da Federação Russa, pois abre a possibilidade de que os estados que compõem a Federação Russa se separem ou exijam uma mudança nas relações com Moscou, o que implica independência irremediável. Entre as piores perdas estaria a perda de controle do Cazaquistão, onde a Rússia tem sua base de foguetes e exploração espacial, em El Baikonur.
A derrota de Putin, e do exército da Federação Russa, naquela que é a primeira guerra frontal fora do seu território, e que se prevê como um desastre, não porque as tropas dos dois lados sofram derrotas, mas porque abriu a Caixa de Pandora das guerras do século 21, onde o que soldados e armas fazem é menos prejudicial do que sanções econômicas, comunicações, desinformação, guerra cibernética, a destruição ou bloqueio de suprimentos de energia, o uso de armas nucleares, biológicas ou químicas, que não pode ser direcionado, mas sim ter um espectro de ação indefinido, tangível e não tangível, que pode afetar o último canto do planeta, como fez o cobid 19, afetar o clima, que já está fora de controle e se tornou a pior ameaça , ou multiplicar a pobreza e a fome, em um planeta onde a população já ultrapassa os 6 bilhões de habitantes, que agora também têm muito mais necessidades porque consomem seria, 18, bilhões de habitantes, desde o início do século 20, além disso, é uma população que agora lê, escreve, usa o celular, a internet, é informada, usa remédios, tem armas poderosas na mão, pode jogar com drogas, o tráfico ilegal de tudo, pode ultrapassar fronteiras e atravessar oceanos.
Mesmo que a Rússia consiga prolongar indefinidamente a ocupação do território ucraniano, não pode manter essa ocupação sem uma terrível deterioração em todos os aspectos dentro da Rússia, tanto por causa das sanções econômicas quanto pela resistência prolongada que enfrenta. Além disso, possui uma pequena população que não cresce, com a maioria de idosos, doentes crônicos e baixa fecundidade em um território fértil, que cresceu extraordinariamente devido às mudanças climáticas, que devido à baixa densidade populacional, não pode ser aproveitado, A Sibéria é um atrativo para China e Índia, os países mais superpovoados do mundo, que estão na fronteira prontos para invadi-la pacificamente ou não.
La Guerra de Afganistán fue la gran derrota de la Unión Sovietica, que se vanagloriaba de no haber perdido ninguna guerra, esa derrota destruyó a la URSS, que desapareció el 3 de diciembre de 1991, pero antes se descalabró el llamado Pacto de Varsovia, que significó la salida de las tropas rusas y la KGB de los países de Europa del Este, la caída del Muro de Berlín, la reunificación de Alemania, el invasor de la URSS, más cruel de la historia, que asoló el territorio de la ese país en la Segunda Guerra Mundial.
La derrota de Afganistan en 1979 produjo el desmembramiento, de la URSS, empezando por las Repúblicas del Báltico, como Estonia, Lituania y Latvia, que luego fueron seguidos por Chechenia que fracasó en su intento, pero Georgia, lo logró aunque perdió parte de su territorio como Abjasia, y ahora la irreversible separación de Ucrania.
Pero la derrota de Rusa ante Ucrania, es algo peor que la derrota en Afganistan, porque implica el posible fin de la Federación de Rusia, pues abre la posibilidad de que los estados que conforman la Federación de Rusia, se separen o exijan un cambio en las relaciones con Moscú, lo que implica una irremediable independencia. Entre las peores pérdidas estaría la pérdida del control de Kazakstán, donde Rusia tiene su base de cohetes y exploración espacial, en El Baikonur.
La derrota de Putin, y el ejército de la Federación Rusa, en la que es la primera guerra frontal fuera de su territorio, y que se pronostica como una debacle, no porque las tropas de los dos bandos sufran derrotas, sino porque abrió la Caja de Pandora de las guerras del sigo XXI, donde lo que hacen los soldados y las armas es menos dañino que lo que hacen las sanciones económicas, las comunicaciones, la desinformación, la ciber guerra, la destrucción o bloqueo del abastecimiento de energía, el uso de armas nucleares, biológicas, o químicas, que no pueden ser direccionadas, sino que tienen un espectro de acción indefinido, tangible y no tangible, que puede afectar al último rincón del planeta, como lo hizo el cobid 19, afectar el clima, que ya está fuera de control y se ha convertido en la peor amenaza, o multiplicar la pobreza y el hambre, en un planeta donde la población ya supera los 6 mil millones de habitantes, que además tienen ahora muchas más necesidades pues consume como lo haría, 18. mil millones de habitantes, de comienzos del siglo XX, ademas, es una población que ahora lee, escribe, usa el celular, el internet, esta informada, usa medicinas, tiene armas potentes a la mano, puede jugar con drogas, el trafico ilegal de todo, puede saltar fronteras y cruzar océanos.
Rusia aun cuando logre prolongar indefinidamente la ocupación del territorio ucraniano, no puede conservar esa ocupación sin un horrible deterioro en todos los aspectos dentro de Rusia, sea por las sanciones económicas, como por la prolongada resistencia a la que se enfrenta. Además, tiene una pequeña población que no crece, con mayoría de viejos, enfermos crónicos y poca fertilidad en un territorio fértil, que ha crecido de manera extraordinaria por el cambio climático, que por la baja densidad demográfica, no puede ser aprovechado, Siberia es un atractivo para China e India, los países más superpoblados del mundo, que están en la frontera prestos a invadirla de manera pacífica o no.
El inevitable retorno de Lula al gobierno de Brasil, y su liderazgo dentro de Sudamérica y América Latina cambian el rol de Brasil y América Latina en el mundo.
Brasil y Venezuela fueron la clave para que se creara UNASUR Union de Naciones de Sur América, que fue el primer paso a la creación de una union de estados, como los fue Estados Unidos de Norteamérica desde 1774, la Unión Sovietica desde 1922, o la Unión Europea, pero además la base de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y de Caribe.
UNASUR fue destruida por Donald Trump, Mike Pompeo, y el Departamento de Estado de Estados Unidos, para lo cual usaron a Marci el presidente de Argentina, a Piñeras, el presidente de Chile, a Vizcarra, el transitorio presidente de Perú, que incluso creó el CARTEL o GRUPO de LIMA y unió a los presidentes de Colombia, Paraguay, y sobre todo a Bolsonaro de Brasil y Lenín Moreno, el presidente de Ecuador, contra Venezuela, UNASUR y creó PROSUR.
Lenín Moreno, el traidor y discapacitado presidente de Ecuador, le quitó la sede a UNASUR, en la Mitad del Mundo, esta decisión fue respaldada por el actual presidente de Ecuador, Guillermo Lasso que llegó al poder mediante dudosos procedimientos, al igual que Bolsonaro, donde estuvo tuvo que ver Donald Trump, quien incluso pretendió un golpe de estado en Estados Unidos.
Los llamados Ponchos Dorados del partido del movimiento indigena PACHACUTEC, enemigos del actual líder de la CONAIE, Leonidas Iza, fueron anticorreistas enfermos, que se convintieron en aliados de Trump y Lenín Moreno, a cambio de la sede de UNASUR, y la presidencia del Consejo Nacional Electoral, ahora son aliados de Lasso. Estos indigenas son traidores a sus bases, porque sus bases son enemigas de FMI, los Republicanos de Estados Unidos, de la llamada partidocracia, que ha gobernado mediante partidos políticos mañosos y con propietario el Ecuador desde 1830.
Los indigenas conocidos como Ponchos Dorados, han mantenido la trágica trayectoria de los indígenas de Ecuador, que fueron conquistados por los españoles, gracias a los traidores de su propia raza, y sin necesidad de ningún combate.
LULA, representa para Brasil y Latinoamérica la consolidación de América Latina, es un interlocutor fuerte en el concierto mundial de las naciones. Con LULA America Latina pasa a ser un jugador importante entre las organizaciones de naciones del mundo.
Para el Departamento de Estado, el triunfo de LULA al igual que el de los actuales presidentes de México, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Honduras y Colombia, es una catástrofe que van a procurar evitar o neutralizar.
La razón fundamental para que el triunfo de LULA sea considerado una catástrofe, es que existe la seria posibilidad de que la OEA la Organización de Estados Americanos, la principal organización de control que tiene Estados Unidos sobre los países del continente, El MINISTERIO DE LAS COLONIAS, como lo llamaron Fidel Castro y el Che Guevara, sea reemplazada, o simplemente pierda presencia y respaldo frente a la CELAC.
Esto además sucede cuando Rusia está en guerra con la OTAN y Estados Unidos por Ucrania, en un momento en que se hace muy importante la ayuda de los aliados latinoamericanos y europeos para Estados Unidos, pero los populismos de derecha, en especial de Europa, la teocracias, y las dictaduras de la izquierda en países pobres, aceleran una posible guerra mundial.
Así fueron los gobiernos de Lula y Bolsonaro, que hoy luchan por repetir mandato en Brasil
Ambos candidatos tienen experiencia al frente de la jefatura del Estado brasileño, algo que sirve para evaluar cómo funcionaron en temas tan fundamentales como la economía, la Justicia social, la violencia o el desempeño internacional. Además, durante sus años en el poder, estos dos referentes políticos tuvieron numerosas polémicas y desempeños que son valorados por su electorado.
Brasil está a las puertas de enfrentar la que quizá sea una de las campañas más polarizadas en su historia democrática. Dos candidatos tan opuestos ideológicamente como Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro son los favoritos para ocupar el Palacio de Planalto en Brasilia.
Los dos candidatos son plenamente conocidos por el electorado brasileño. Bolsonaro es el actual presidente del país y lleva involucrado en política desde hace décadas como uno de los referentes de la extrema derecha y Lula da Silva fue jefe de Estado entre 2003 y 2010, convirtiéndose en uno de los líderes de la izquierda a nivel latinoamericano e, incluso, global.
Antecedentes que no pasan desapercibidos entre la población brasileña. Los votantes que acudan a las urnas en la primera vuelta del 2 de octubre y en un presumible balotaje el próximo 30 de octubre, tienen presente cómo actuaron estos dos políticos en cuestiones fundamentales para Brasil, como la economía, la seguridad, el hambre, la Justicia social y el panorama internacional. Y también son conocedores de algunas de las polémicas que han salpicado a los dos líderes en los últimos años.
La lucha contra la pobreza y la ayuda social: un referente para Lula, una contradicción para Bolsonaro
La lucha contra la pobreza y la búsqueda de la Justicia social fue uno de los pilares fundamentales desde el comienzo del primer Gobierno Lula en 2003. El expresidente brasileño se propuso facilitar la vida a millones de ciudadanos que vivían desde hace décadas en la pobreza, debido a su pasado humilde y sindicalista, un programa que supuso un éxito prácticamente desde su inicio.
Para Michael López, socio de la consultora política brasileña Arko Advise, “esta ayuda económica generó una aprobación política alta para Lula, ya que tuvo un impacto muy positivo en las regiones del norte del país, conocidas por ser históricamente marginadas y con población extremadamente pobre”.
En esta empresa de mejorar el nivel de vida de los brasileños, destacaron varios programas de ayuda para la vivienda o la educación, pero el principal fue el conocido como Bolsa Familia, una ayuda estatal directa a los más pobres que tenía el objetivo de proporcionar una base de ganancias a cambio de que las familias cumplieran una serie de requisitos, como llevar a sus hijos a la escuela o tenerlos vacunados.
La inseguridad alimentaria afecta a millones de personas que viven en los barrios más pobres de Brasil. Imagen de la favela Penha Brasil, en Sao Paulo.AP - Andre Penner
Este programa benefició alrededor de unos 14 millones de familias en todo Brasil, lo que supone alrededor del 25% de la población. La cantidad subsidiada era mínima y no permitía a las familias vivir exclusivamente de esos ingresos, ya que apenas llegaba a los 170 reales brasileños, unos 30 dólares, pero servía para pagar lo más básico a estas personas extremadamente pobres.
Para el profesor Rafael Castilho, sociólogo especializado en política y relaciones internacionales, este auxilio “sirvió para reducir la pobreza extrema y cambiar el sistema político de algunas regiones, donde había una dominación política por cuenta de esta pobreza, que a través del llamado coronelismo buscaba la fidelización política a cambio de pequeñas ayudas de los líderes locales a estas personas”.
Los datos arrojados en torno a estas políticas son positivos. Según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, todo el gasto destinado a estas familias apenas supuso una media del 0,5% del PIB y significó sacar de la pobreza a millones de personas, además de mejorar su capacidad adquisitiva y arrojar datos económicos de crecimiento generalizados.
Varias personas guardan la fila en un banco público para retirar las ayudas sociales proporcionadas por el programa Bolsa Familia poco antes de su finalización. En Río de Janeiro, el 17 de noviembre de 2021.AP - Silvia Izquierdo
Lula da Silva llegó al poder en 2003 con un gran apoyo de la clase media brasileña, pero en su reelección en 2007 y en las elecciones de su sucesora y aliada Dilma Rousseff, las clases trabajadoras jugaron un papel de apoyo fundamental gracias al respaldo recibido en estos subsidios. Subsidios que, sin embargo, la clase media no percibió que les beneficiara.
Y aunque existe un relativo consenso en torno a su éxito, muchos sectores de la clase media y la derecha brasileña comenzaron a oponerse a ellos bajo el argumento de que desincentivaban el empleo y eran una “máquina” de captar votos a favor del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva.
Palabras que se fortalecieron durante la campaña electoral de Jair Bolsonaro en 2018, especialmente tras el hartazgo que hubo hacia el PT por las numerosas investigaciones de presunta corrupción en su contra.
Uno de los puntos fuertes en materia económica de Jair Bolsonaro fueron sus anuncios de recortar gastos en materia de ayudas sociales, algo que fue aplaudido por sectores privilegiados, financieros y empresariales. El actual mandatario presentó una hoja de ruta de corte neoliberal que, sin embargo, se vio truncada a los pocos meses de ponerse en marcha esos recortes.
La crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus golpeó de forma directa a las familias más pobres de la nación carioca, aquellas que viven del comercio del día a día y la informalidad, y el Gobierno ultraderechista se vio obligado a tener que recurrir a las ayudas sociales de Bolsa Familia para subsanar la situación de estas personas.
El analista internacional Gustavo Segré destacó para France 24 que “Bolsonaro entró en una contradicción con respecto a lo que es un gobierno neoliberal en lo económico, al aumentar la ayuda social. Una decisión que, sin embargo, hizo que creciera su nicho electoral entre las personas más pobres”.
El discurso de Bolsonaro se modificó tanto que comenzó a prometer incluso más ayudas de las que proporcionaba el plan Bolsa Familia. Durante los compases finales de su primer mandato, en diciembre de 2021, su Gobierno puso fin al programa insignia del Partido de los Trabajadores para iniciar uno nuevo que llevaba su sello político, al que llamó Auxilio Brasil.
Esta iniciativa contempla brindar a las familias más pobres hasta 400 reales (unos 75 dólares), en lugar de los 170 reales de Bolsa Familia. Pero su plan de acción a largo plazo es mucho más limitado, ya que podría tener fin tras una posible reelección del candadito ultraderechista. Esta medida ha sido calificada de “electoralista” por sus rivales políticos y se ha puesto muy en duda por varios expertos como Michael López, que considera “traería una situación fiscal difícil en un momento en el que la prioridad es la lucha contra la inflación en Brasil. Además, el techo de gasto implementado durante el Gobierno de Michel Temer dificulta mucho la capacidad de acción del Gobierno que entre en esta materia”.
Sin embargo, los datos son demoledores. En el 2022, más de 33 millones de brasileños confirmaron pasar hambre, según un informe publicado por la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria. La mayor cantidad en las últimas tres décadas. Cifras que pertenecen a los más de 150 millones de brasileños que cada día tienen inseguridad sobre si tendrán ganancias o comida suficiente para afrontar la jornada. Datos que convierten al hambre y la pobreza extrema en uno de los mayores desafíos del futuro gobierno.
Armas y lucha contra el crimen: dos posiciones encontradas
El aumento en la venta de armas durante el Gobierno Bolsonaro ha sido uno de los factores más polémicos que han rodeado a su Presidencia. La posición del líder ultraderechista y su entorno es muy clara: han apostado por ablandar las leyes de control de armas. Una decisión aplaudida por sectores como el agropecuario o el militar, pero que ha tenido consecuencias.
La primera de ellas es que desde 2019 se estima, según datos del Instituto Sou da Paz, que el número de armas en circulación ha aumentado en torno al 300%. Y que, además, este armamento vendido es mucho más potente que el de hace unos años.
En total, Jair Bolsonaro ha ejecutado 42 decretos que facilitan el acceso a las armas. Decisiones que han hecho que los civiles compren unos 1.300 artefactos de estos cada día, según los datos aportados por el Instituto Sou da Paz. Armas cuya compra no debe tener una justificación ante la policía sobre su uso.
Las nuevas leyes permiten que un civil pueda tener hasta seis armas para “uso personal” y comprar hasta 200 municiones al año, en lugar de las 50 que estaban permitidas antes. Normas laxas que lo son aún más para los llamados CAC (cazadores, tiradores y coleccionistas).
Los cazadores han pasado de poder portar 12 armas a 30, incluidas 15 de calibres grandes, como los fusiles. Y los tiradores deportivos pueden optar a tener 60 armas por persona, incluidas 30 de alto calibre, una cifra mucho mayor a las 16 que podían optar antes de que llegara al poder Jair Bolsonaro.
A esto hay que sumar que pueden optar a 5.000 municiones por año en armamento normal y 1.000 en armamento pesado.
Este aumento considerable de las armas ha sido justificado por el Gobierno actual y los sectores más próximos a él con los datos de bajada de homicidios en todo Brasil. Cifras que son ciertas y que han reforzado más el argumento de comprar armas para defender propiedades, en el caso de grandes terratenientes rurales, o la vida de una persona.
Gustavo Segré, por ejemplo, destaca que las invasiones a propiedades privadas “han descendido gracias al temor que tienen los delincuentes a que los propietarios usen estas armas. Y esto se ha producido sin llegar a la situación que viven otros países con cultura armamentística, como Estados Unidos”, indica.
Indicios de lo que puede convertirse en un aumento más repentino en los próximos años. Especialmente teniendo en cuenta que, si hay más armas y menos control, se puede favorecer que ese armamento vaya trasladándose de la legalidad a la ilegalidad. Y que, en un plazo, los grupos armados y criminales se beneficien de estas nuevas normas.
Un hombre dispara durante una sesión de entrenamiento un arma de alto calibre en Americana, estado de Sao Paulo, Brasil, el sábado 6 de marzo de 2021.AP - Andre Penner
La posición del Partido de los Trabajadores y Lula da Silva respecto a las armas siempre ha sido la de intentar regular lo más posible la situación. Los sectores feministas y afrobrasileños son los que más presionan para este objetivo, ya que las mujeres y la población afro son dos de las principales víctimas de armas de fuego. Durante su etapa en la oposición, Lula afirmó en más de una ocasión que prefería priorizar la “educación a las armas”.
Sin embargo, Lula y el PT han mantenido una posición algo más tibia sobre esta cuestión durante las últimas semanas de contienda electoral, al ser conscientes de que necesitaban ampliar la base de apoyo si quieren vencer en primera vuelta de forma holgada. Y dentro de esta posible base de votantes, el izquierdista ha fijado en su mirada en el sector rural y ha moderado su discurso contra las armas al alabar la “madurez” de los terratenientes armados y al apostar por una simple reducción en el número de armas que pueden poseer.
A pesar de fomentar una mayor regulación, la cuestión de la seguridad fue uno de los grandes lunares durante la Administración de Lula. Aunque consiguió reducir en más de tres puntos la tasa de homicidios durante su mandato, la sensación de inseguridad continuó aumentando en las áreas más pobres de las grandes ciudades, a pesar de los numerosos programas de ayuda que el Estado brasileño intentó implementar entre los más jóvenes.
Una visión internacional muy diferente de Brasil
Otra de las cuestiones que más han separado a los Gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro ha sido su política internacional, diametralmente opuesta en muchos aspectos.
Lula da Silva llegó al poder en 2003 en un momento en el que otros países de la región vivieron procesos similares que los llevaron a tener gobiernos progresistas, como en Chile, Venezuela, Argentina o Uruguay. Y en esta ola izquierdista latinoamericana Lula se convirtió en un referente y líder a nivel regional. Algo que Michael López atribuye, entre otras cosas, “a su gran carisma y talente diplomático. Cualidades que le hicieron un referente no solamente para la izquierda, sino a nivel global. No hay más que recordar que Lula mantuvo una buena relación con políticos como George W. Bush”.
De izquierda a derecha: el expresidente de Rusia, Dmitry Medvedev, el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente de China, Hu Jintao, y el ex primer ministro de India, Manmohan Singh, posan para la foto oficial de la cumbre de economías emergentes en el palacio de Itamaraty, en Brasilia, el jueves 15 de abril de 2010.AP - Eraldo Peres
Tanto para el socio de la consultora Arko Advise, como para el profesor Rafael Castilho, Lula consiguió proyectar de una forma “potente” a Brasil en el panorama internacional. Castilho destaca cómo Brasil fue parte activa de “las conexiones sur-sur entre países y economías emergentes, que abandonaban el eje de poder tradicional y cómo esta potencia fue parte fundamental de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), las economías en desarrollo más importantes del mundo”.
Una cuestión que trajo beneficio para Brasil ya que para Castilho “su crecimiento económico en la primera década de los 2000 vino de la mano de una alta inversión china, que se convirtió en su socio prioritario en el comercio internacional en un momento de constante crecimiento para Beijing”.
Y esta apuesta por asociar a las economías emergentes del mundo se dio sin descuidar a los actores tradicionales más poderosos, como Estados Unidos o la Unión Europea. Gestos como su “mayor conciencia con aspectos medioambientales y de la Amazonía le brindaron una gran popularidad entre los líderes europeos o el mismo Barack Obama”, señala Castilho.
Diferente es la situación para Jair Bolsonaro. El actual presidente brasileño llegó al poder en medio de un auge de la extrema derecha global, que estaba liderado por el expresidente Donald Trump en Estados Unidos. Una sintonía que se dejó ver desde un primer momento con el mandatario.
Sin embargo, Castilho considera que “aunque intentó diferenciar su política exterior de la del PT con un cambio ideológico, esto no repercutió en un aumento de los tratados comerciales con Estados Unidos”.
“Bolsonaro deterioró la relación con socios tradicionales como China y tensó las relaciones diplomáticas con grandes líderes dentro de la Unión Europea, como Macron, sin llegar a tejer una alianza sólida comercial entre miembros de su cuerda política”.
En esta foto de archivo del 7 de marzo de 2020, el presidente Donald Trump se da la mano antes de una cena con el presidente brasileño Jair Bolsonaro en Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida.AP - Alex Brandon
Una cuestión que empeoró todavía más tras la salida del poder de Trump en enero de 2021. Bolsonaro fue uno de los últimos líderes en reconocer su derrota, dando espacio a las teorías conspirativas lanzadas desde el círculo de influencia del expresidente estadounidense. Una cuestión que, como señala Gustavo Segré, ha hecho que “en los dos últimos años el mandatario brasileño haya estado muy aislado internacionalmente".
Para Michael López esto se debe a la “falta de carisma” del presidente en el panorama internacional y a un “notable problema de comunicación”. Aunque destaca que para Bolsonaro “la prioridad en estos años estaba en cuestiones domésticas, ya que carecía de grandes agendas internacionales” y matiza que “la situación geopolítica con la guerra de Ucrania y lo que ha supuesto para Brasil de cara al extranjero la gestión de la pandemia, ha mermado su imagen en el exterior”.
Las polémicas rodean las presidencias de Lula y Bolsonaro líderes, aunque afectan poco a su electorado
Las dos figuras políticas han tenido varias polémicas durante sus mandatos. Si analizamos el caso de Lula da Silva, la mayor de ellas es la corrupción. Lava Jato es una de las mayores investigaciones contra la corrupción que jamás ha habido en el planeta e implicó a miles de personas del establecimiento político brasileño que recibieron sobornos de numerosas empresas privadas a cambio de contratos públicos.
Esta cuestión afectó de lleno al Partido de los Trabajadores y al propio Lula da Silva, que llegó a estar más de 20 meses en prisión por supuestamente recibir sobornos y propiedades. Esta cuestión minó prácticamente de forma total su poder político hasta que una serie de investigaciones facilitaron las pruebas de que el juez Sérgio Moro, encargado de mandarle a prisión, había cometido prevaricación.
El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, es cargado por simpatizantes frente a la sede del sindicato de trabajadores del metal en Sao Bernardo do Campo, Brasil, el sábado 9 de noviembre de 2019, poco después de ser liberado de prisión.AP - Nelson Antoine
El debate sobre la culpabilidad o no del expresidente es candente en Brasil. Lula mantiene que fue declarado “inocente”, aunque esto “no es del todo cierto”, como expresa Michael López. “Los casos de Lula fueron anulados por un defecto de forma. El expresidente fue condenado a prisión cuando todavía no había agotado todos los recursos de apelación, algo que obviamente fue un error judicial. Pero nunca se llegó a analizar el fondo, por lo que no se pudo determinar si Lula estaba implicado en esos casos o no”.
La cuestión de la corrupción es un gran problema para el Partido de los Trabajadores y para el propio Lula, ya que durante su gobierno “no supieron enfrentar este mal sistémico que afectaba a Brasil desde hace décadas y, de hecho, llegaron a formar parte del mismo problema”, según indica el profesor Castilho.
Por su parte, las polémicas que rodean a Bolsonaro más fuertes son las que tienen que ver con la erosión democrática que ha supuesto para el Estado brasileño su legislatura en el poder. Para el profesor Castilho, Bolsonaro es “un peligro para la democracia brasileña”.
El presidente ha adoptado “una postura de vandalismo institucional que mina las capacidades de las instituciones democráticas y las desgasta poco a poco con el objetivo de destruirlas. Todo ello mientras la capacidad de la sociedad para responder a estos ataques también queda neutralizada”. Para el sociólogo, el ejemplo queda claro al reflejar sus constantes luchas con el poder judicial o algunos políticos locales y regionales.
Por su parte, Michael Lopez destaca que dentro de sus puntos negativos está la gestión de la pandemia. “Bolsonaro se mostró como en líder negacionista incapaz de comunicarse y sentir empatía por el pueblo en un momento complicado. Su negativa hacia las vacunas le dio una imagen muy mala”.
A ello suma que su abanderada lucha contra la corrupción “tampoco fue firme”, ya que “varios escándalos” han salpicado a su entorno e incluso a su familia.
Los dos analistas coincidieron en que estas polémicas “apenas tendrán un efecto para el electorado de cada parte debido a la gran polarización que tiene Brasil”.
Estos son algunos de los puntos más importantes que destacaron en los Gobiernos de Lula da Silva y Jair Bolsonaro. Cuestiones fundamentales en la coyuntura actual de Brasil que podrían marcar el futuro gobierno y que, en muchos casos, constatan la profunda división entre dos candidatos conocidos para el electorado brasileño que tienen en su gestión la prueba que los hace ser alabados y criticados por sus seguidores y detractores.
Los materiales de guerra pueden prolongar la guerra indefinidamente, porque, Rusia y Ucrania reportan grandes ganancias a la industria bélica. La moral de la tropa favorece mas a Ucrania, pues los rusos saben que están destruyendo a un país hermano, que tiene su misma identidad, y que lo hacen por el miedo a la OTAN. El factor sorpresa también favorece a Ucrania pues la sorpresa que usó Rusia en Crimea, hubiese sido efectiva si la guerra era relámpago, pero al prolongarse perdieron esa carta. La crisis global generada por Rusia y su invasión, pone al mundo en su contra, la inflación, la crisis energética y el hambre, favorece a Ucrania. El factor que define la guerra puede ser la muerte de Putin, o Zelensky, el presidente ucraniano, las derrotas militares, una crisis humanitaria que golpee a Rusia como hoy golpea a Ucrania y finalmete un acuerdo de paz, en que la OTAN se comprometa a no expandirse, y los ucraninos a respetar la autonomía del Donbas.
¿qué puede inclinar la balanza en la guerra?
Jonathan Beale
Corresponsal de Defensa de la BBC
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Es poco probable que la guerra termine en poco tiempo. Factores tanto militares como económicos serán decisivos.
La guerra de Rusia en Ucrania se ha convertido en un asunto cada vez más agotador y sangriento, en el que cada bando desgasta al otro. Ambos afirman haber logrado avances. Pero también han sufrido reveses.
En general, Rusia sigue siendo la fuerza dominante y tiene un poderío militar significativo, pero no ha logrado una victoria rápida como tenía previsto.
Aquí, echamos un vistazo más de cerca a algunas de las cosas que podrían inclinar el resultado de este conflicto a favor de cualquiera de las partes.
Ganancias y pérdidas
En el norte, una contraofensiva ucraniana hizo retroceder con éxito a las fuerzas rusas de la ciudad de Járkiv. En el sur, Rusia eliminó los últimos focos de resistencia en la ciudad portuaria de Mariúpol.
En ambos casos ha habido costos elevados en términos de bajas militares y civiles, pero es probable que ninguno resulte decisivo.
Lo que sucedió en Mariúpol y Járkiv destaca el flujo y reflujo de este conflicto. Ese patrón de ganancias y pérdidas costosas ahora se repite en el este del país.
Rusia ha estado haciendo avances pequeños, pero constantes en el Donbás, el foco renovado de su ofensiva.
Pero también ha sufrido contratiempos, como lo demuestra la destrucción a principios de mes de decenas de vehículos blindados rusos que intentaban cruzar el río Donets.
Artillería: la ventaja rusa
En el este, cada bando está intercambiando fuertes golpes de artillería. Ben Barry, un exbrigadier del ejército británico que ahora trabaja en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, dice que ese seguirá siendo el caso en la batalla por el Donbás.
Predice que la artillería será la principal causa de bajas en ambos bandos durante las próximas semanas y meses.
Los funcionarios occidentales han destacado las pérdidas significativas de Rusia, pero han estado menos dispuestos a dar estimaciones de las bajas ucranianas.
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Pese al apoyo de Occidenrte, Ucrania sigue estando en desventaja frente a Rusia en términos de armamento.
Ucrania ahora está recibiendo armas pesadas suministradas por Occidente, incluidos los obuses M777 de EE.UU. También le han enviado sistemas de radar contra-artillería, que le ayudan a ubicar y atacar las líneas de artillería de Rusia.
Pero Ucrania todavía sigue disponiendo de menos armas que su adversario.
Táctica
Rusia ha estado utilizando su artillería y sus lanzacohetes para inmovilizar a las fuerzas ucranianas que están atrincheradas, a lo largo de líneas defensivas bien preparadas.
Rusia ha estado presionando desde dos direcciones principales: desde Izium, en el norte, y desde el este, alrededor de la ciudad de Severedonetsk. Moscú ha logrado avances limitados en ambas direcciones.
El brigadier Barry dice que parece que Rusia está "tratando de desangrar a Ucrania" obligándola a concentrar sus fuerzas en puntos clave, que luego pueden ser atacados por su artillería.
Los analistas militares creen que es probable que Ucrania haya sufrido importantes bajas como resultado de esto.
Sin embargo, el experto dice que Ucrania aún podrá usar las áreas urbanas en el Donbás para frenar los avances de Rusia. La lucha en pueblos y ciudades, como se ha demostrado a lo largo de esta guerra, favorece al defensor.
Una vez más, como en Mariúpol, es probable que Rusia intente aplastar la resistencia, con el patrón ahora familiar de usar ataques masivos de artillería hasta que quede poco que defender.
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Las fuerzas rusas bombardearon Mariúpol hasta volverla escombros.
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ya ha dicho que la región oriental de Donbás ha sido "completamente destruida" y ha descrito la vida allí como un "infierno". Va a empeorar.
Las "fuerzas Frankenstein" de Rusia
Sin embargo, los expertos militares todavía creen que Rusia carece de la cantidad de tropas que necesita para hacer avances significativos en el este.
Es poco probable que el redespliegue de las fuerzas que luchaban en Járkiv y Mariúpol haga una diferencia.
Jack Watling, del Royal United Services Institute, un centro de estudios sobre seguridad y defensa en Reino Unido, dice que a Rusia todavía le falta mano de obra y, en particular, infantería.
Rusia ha tratado de reconstruir y combinar algunas de sus unidades ya desgastadas, denominadas como "fuerzas Frankenstein".
Es probable que la cohesión y la moral de las unidades cansadas y mermadas sean deficientes.
Una evaluación de inteligencia reciente del Ministerio de Defensa de Reino Unido concluyó que los comandantes rusos se enfrentan a presiones para lograr resultados rápidamente y, en consecuencia, es probable que redistribuyan fuerzas sin la preparación adecuada.
El ministerio dijo que Rusa corre el riesgo de "más desgaste". Se dice que Rusia ya ha perdido alrededor de un tercio de su fuerza de invasión inicial, una estimación que incluye efectivos muertos y heridos, así como equipos destruidos o dañados.
Watling dice que Rusia está tratando de abordar esta escasez con distintas medidas, incluyendo la movilización de reservistas que tienen más de 40 años de edad y la oferta de contratos a corto plazo para llenar sus filas.
Pero entrenar y reconstruir un ejército lleva tiempo.
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Los expertos creen que, para imponerse, Rusia necesita contar con más efectivos.
Rusia también ha demostrado ser vulnerable a los ataques ucranianos en sus líneas de suministro. Pero es probable que la capacidad de Ucrania para hacer esto sea limitada, con la mayor parte de sus fuerzas comprometidas en posiciones defensivas.
La larga guerra
Nadie piensa que esta guerra terminará rápidamente. Todavía no está en un punto muerto. Rusia está haciendo avances, pero muy lentamente. Es poco probable que el resultado de esta guerra dependa únicamente del poderío militar.
Watling dice que Rusia también está buscando palancas económicas y políticas para infligir el mayor daño posible a Ucrania. Si bien la economía de Rusia se está viendo afectada por las sanciones occidentales, es probable que la de Ucrania sufra aún más.
Se prevé que el PIB de Rusia se reduzca un 12% durante el próximo año, pero el PIB de Ucrania podría caer un 50%. El bloqueo de Rusia en el mar Negro está causando daños significativos.
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Al no poder exportar sus productos a través del mar Negro, la economía ucraniana se ve muy afectada.
Watling dice que continuar con el apoyo económico y militar de Occidente podría resultar crucial para Ucrania.
¿Disminuirá el interés del público en la guerra a medida que se prolongue, tal como ocurrió después de 2014, cuando Rusia se anexó Crimea y los separatistas respaldados por Moscú se apoderaron por primera vez de partes del Donbás?
Los gobiernos occidentales ahora también tienen que preocuparse por sus propios desafíos internos, incluido el aumento de la inflación, los precios del gas y el petróleo y una crisis del costo de vida, causada en parte por la guerra.
Cuando se acerque el invierno boreal, será más difícil para los ejércitos luchar. También puede resultar más difícil para el mundo capear una tormenta económica.