lunes, 4 de mayo de 2020

El coronavirus nos convirtió a todos en venezolanos

Cientos de venezolanos en Ecuador atrapados en frontera con Colombia

ABR, 30, 2020 | 20:45


DESESPERACIÓN. Cientos de venezolanos buscan retornar a su país en medio de la crisis sanitaria. (Foto Gestar Salud)
Daniela Brik, EFE
Entre 200 y 400 venezolanos que buscan retornar a su país en plena emergencia por el Covid-19 se encuentran varados en la frontera norte de Ecuador con Colombia, cerrada a cal y canto, lo que ha llevado a diferentes colectivos a pedir al Gobierno un corredor humanitario.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que ha estado ayudando en frontera durante la nueva emergencia, dijo a Efe que "buscará brindar la asistencia humanitaria y de alojamiento temporal a casos de extrema vulnerabilidad de población venezolana", grupo que considera "de atención prioritaria dentro de Ecuador.
La cara del retorno
"Aquí estamos todos los venezolanos luchando para poder llegar a nuestro país. Algunos tienen mucho tiempo aquí, 50 o 55 días caminando para poder llegar a la frontera, y no nos quieren dejar pasar", lamenta Andrea Inorseti, una venezolana que esta semana quedó atrapada en el cruce internacional de Rumichaca, frontera de Ecuador y Colombia, junto a decenas de paisanos.
Madre de tres hijas y con un hermano en silla de ruedas en Venezuela, esta joven salió de Chile caminando hace 60 días y asegura, con la cara cubierta con una mascarilla azul, que esa realidad es la que las autoridades de los países que atraviesa "no quieren ver".
En unas imágenes facilitadas por la Prefectura de Carchi, otro joven a rostro descubierto indica que lleva mes y medio caminando desde Perú junto a un grupo de 23 personas.
"Casi logramos el objetivo, no sabemos si vamos a la deriva", advierte ante el callejón sin salida que encuentra en el penúltimo país antes de poder acceder al suyo.
Alerta de las autoridades
"Si tenemos un flujo que sobrepase las 300 personas, se va a generar una crisis sanitaria y humanitaria, porque vienen caminando y duermen a la intemperie. Hay que actuar", refirió a Efe el prefecto de la provincia de Carchi, Guillermo Herrera.
Esa región andina ecuatoriana, contabiliza según la autoridad, unos 7.000 migrantes venezolanos que residen en los seis cantones que la integran, y una población flotante de entre 200 y 300 personas que ingresan o salen del territorio habitualmente.
Pero el pasado fin de semana saltaron las alarmas después de que llegaran autobuses desde Guayaquil, epicentro de la pandemia en Ecuador, con venezolanos con la intención de llegar a Rumichaca, principal vía de acceso a suelo colombiano.
Ante tales hechos, la Prefectura, a través del Consorcio de Gobiernos Autónomos Provinciales de Ecuador (Congope), alertó de la situación y exigió al Ejecutivo de Lenín Moreno que hiciera cumplir el decreto de emergencia que limita la movilidad interprovincial, pero que también interceda para lograr un corredor humanitario para los retornados venezolanos.
"Hemos pedido al Gobierno nacional que aplique todos los mecanismos que tiene a nivel internacional con la finalidad de lograr un acuerdo con los Gobiernos de Colombia y Venezuela, que permita un retorno voluntario y en condiciones seguras", manifestó Herrera en una entrevista virtual.
Nueva crisis humanitaria
El prefecto contabiliza al menos 150 menores y adultos mayores que han dormido al menos dos o tres noches sobre el puente internacional fronterizo, donde hasta agosto pasado se concentraron miles de venezolanos pero en la dirección opuesta.
Y aunque Herrera es cauto en dar a conocer las medidas que están llevando a cabo organismos internacionales, ONG y Gobiernos locales para evitar un "efecto llamada", ya se preparan para hacer frente a una nueva "crisis humanitaria", esta vez generada por la pandemia y el consiguiente cierre de fronteras.
La ciudad de Tulcán, capital provincial, ha habilitado albergues, mientras que los organismos internacionales ofrecen ayuda alimentaria y alojamiento, y la Prefectura dispuso un inmueble con capacidad para acoger a un centenar durante dos o tres noches.
El alcalde de Tulcán, Cristian Benavides, eleva la cifra de venezolanos atrapados en la urbe a 400, de acuerdo con un escrito remitido el miércoles por una legisladora del Grupo Parlamentario Fronterizo al canciller José Valencia, al que ha tenido acceso Efe.
El documento hace un llamamiento urgente para que se garantice "el derecho de regreso y la migración de retorno a los Estados de origen" y advierte del riesgo de la pandemia "para los habitantes en Ecuador".
"La frontera en Rumichaca va a explotar", vaticina por su parte, el presidente de la Asociación Civil Venezuela en Ecuador, Daniel Regalado, quien esta misma semana ha atendido a varios grupos de compatriotas que llegaron a Quito desde Guayaquil, algunos de los cuales ha podido convencer para que no sigan camino.
"Muchos están tratando de ser invisibles porque no pueden estar en la calle" y los que cruzan al país vecino lo hacen por trochas, pasaje que los "coyoteros les llegan a cobrar 50 dólares", recalca.
Las fronteras están cerradas
Aunque Colombia ha favorecido el desplazamiento de venezolanos de retorno a su país, de momento Ecuador recordó que mantiene una política de cierre de fronteras por la emergencia sanitaria.
La Cancillería lamentaba el lunes que "se hayan registrado desplazamientos aislados dentro del territorio nacional de ciudadanos venezolanos que tienen la intención de dirigirse a su país, a través de la frontera ecuatoriano-colombiana" e indicó que "esas acciones contravienen la normas vigentes" y "constituyen un riesgo de salud para esos ciudadanos y sus familias"

ONU y OPS: “toneladas” de ayuda a Venezuela

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Cúcuta. Miles de venezolanos llevan sus pertenencias de regreso a su país, desde Colombia.
Redacción CARACAS
EFE
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Panamericana de Salud (OPS) enviarán "varias toneladas" de ayuda a Venezuela para frenar el COVID-19, informó este jueves el presidente Nicolás Maduro.
333 contagios de Covid-19 reporta Venezuela, el segundo país del continente con cifras más bajas, después de Haití.Durante una reunión televisada con el comité gubernamental encargado de abordar la pandemia, Maduro detalló que ese cargamento servirá "para proveer a Venezuela de pruebas" para la detección del COVID-19 y "material de tratamiento de prevención de los trabajadores de la salud", aunque no especificó cuántas toneladas de ayuda llegarán al país.
Todo fue acordado en una reunión de la ONU y la OPS con el Gobierno venezolano.

Maduro también reportó que 16 venezolanos han fallecido en el exterior a causa del COVID-19, si bien agregó que la Cancillería admite “que podrían ser muchos más”.

Pandemia Guayaquil mal ejemplo para el mundo



En la bulliciosa ciudad brasileña de Manaos, en la Amazonía, ha muerto tanta gente en cuestión de días en la pandemia del nuevo coronavirus que los féretros han tenido que ser apilados unos sobre otros en largas zanjas hechas apresuradamente en un cementerio de la ciudad, describe la agencia de noticias AP.
Esta situación caótica ha llevado a la prensa local a comparar a esta localidad con la capital productiva del Ecuador: "La Guayaquil brasileña", ciudad que lleva la peor parte de la emergencia sanitaria en el país con salida al Pacífico, con más de 8 mil casos confirmados de COVID-19 y cientos de fallecidos. Esta última cifra no ha podido ser calculada por las autoridades nacionales.
El diario argentino La Nación recoge esta referencia periodística en una de sus publicaciones de su portal web: El virus se ensaña con Manaos: "Es como una película de terror".
Semanas atrás, Guayaquil también fue calificada como la Wuhan de Ecuador o Latinoamérica, en relación a la situación que vivió esa localidad china como epicentro de la pandemia, en una publicación de El País de España.
En medio de la desesperación de los ciudadanos de manaos, algunos familiares eligen de mala gana la cremación para sus seres queridos a fin de evitar que terminen en esas fosas comunes. Ahora que Brasil se convierte en el epicentro del coronavirus en Latinoamérica, con más de 6000 decesos a consecuencia del COVID-19, incluso los ataúdes escasean en Manaos. La asociación nacional de funerarias ha suplicado por un envío urgente de féretros vía aérea desde Sao Paulo, a 2.700 kilómetros (1.700 millas) de distancia, dado que Manaos no cuenta con carreteras pavimentadas que la conecten con el resto del país.
La ciudad de aproximadamente 2 millones de habitantes en medio de la selva ha sido rebasada por la muerte en parte debido a que es la principal localidad a la que acuden los pobladores de comunidades remotas de la Amazonía para recibir atención médica, de acuerdo con Lourival Panhozzi, presidente de la Asociación Brasileña de Proveedores de Servicios Fúnebres.
El Ministerio de Salud de Brasil informó que hasta el 30 de abril se han registrado más de 5,200 casos confirmados y 425 muertes por COVID-19 en el estado de Amazonas, si bien se cree que las fallas en el proceso de realización de las pruebas para detectar el virus implican que las cifras podrían ser mucho mayores.
Antes de la propagación del virus, la ciudad de Manaos, la capital del estado, promediaba de 20 a 35 fallecimientos diarios, según el alcalde. Datos de la Secretaría de Salud del estado muestran que actualmente se registran al menos muertes 130 diarias.
La población en la región también ha ignorado enormemente las medidas de confinamiento.
Ha habido indicios en ciudades mucho más pobladas como Río de Janeiro y Sao Paulo que sugieren que las autoridades no han sido capaces de lidiar con el enorme incremento de las cifras de decesos. Un área de tumbas recientes que el presidente Jair Bolsonaro consideró excesiva en abril, ha sido ocupada en su totalidad desde entonces.
Muchos en Brasil temen que las muertes aumenten considerablemente en las favelas, los enormes vecindarios de familias de escasos recursos que son populares en Río y Sao Paulo, pero que existen tanto en la mayoría de las grandes ciudades de Brasil como en poblados más pequeños.
En la mayoría de la gente, el nuevo coronavirus provoca síntomas leves o moderados que desaparecen en dos a tres semanas. En algunas personas, sobre todos los adultos mayores y las que padecen trastornos de salud subyacentes, puede provocar enfermedades más graves, como la neumonía, e incluso la muerte. (I)

Coronavirus en Brasil: Manaos, la ciudad azotada por la pandemia que cava fosas comunes y reclama ayuda

Fosa comúnDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionEn Manaos los fallecidos por coronavirus están siendo enterrados en fosas comunes
A los recónditos rincones de la selva amazónica también ha llegado la pandemia de coronavirus.
Manaos, la ciudad más grande del Amazonas, es el foco.
Sus habitantes están cavando fosas comunes o zanjas.
Es la única forma en que las autoridades, abrumadas por el número de muertes, pueden hacer frente a las consecuencias del covid-19.
La gente pregunta si esta ciudad, la capital del estado brasileño de Amazonas, se convertirá en la próxima Guayaquil: la ciudad ecuatoriana es una de las más golpeadas de Sudamérica.
Es difícil no comparar las dos.
Las imágenes de las calles de Guayaquil llenas de muertos sin enterrar todavía están grabadas en las mentes de muchas personas aquí.
Amazonas tiene una de las tasas de infección más altas de Brasil.
Y también uno de los sistemas de salud con menos fondos, una combinación que ha llevado el caos al corazón de la selva.
En abril, Manaos registró un aumento del 578% en el número de personas que murieron por problemas respiratorios.
Cementerio de Nossa Senhora Aparecida.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionLos trabajadores cavan fosas comunes en el cementerio de Nossa Senhora Aparecida.
No se cuentan oficialmente como víctimas del coronavirus, pero los expertos creen que solo puede haber una explicación.
Con los tests en niveles aún muy bajos, los números reales no son precisos.
Pero incluso si tenemos en cuenta las cifras oficiales, hay alrededor de 92.000 casos confirmados y más de 6.500 muertes, lo que ha colocado a Brasil por delante de China, donde comenzó la pandemia.
"No queremos milagros", dice a BBC el alcalde de Manaus, Arthur Virgilio Neto.
Es una clara referencia al presidente brasileño, Jair Bolsonaro,que se refirió recientemente al creciente número de muertes bromeando respecto a que su segundo nombre es Mesías, pero que no hace milagros.
"Lo que necesitamos es un avión lleno de escáneres, ventiladores, medicamentos y equipos de protección" para los sanitarios, dijo el alcalde.
Pero la llegada de ayuda es lenta, mientras Bolsonaro sigue minimizando la gravedad de la pandemia.
Una mujer cose en su máquina
Image captionComo en muchos lugares del mundo, ya hay gente trabajando en fabricar mascarillas de tela caseras.

Sensación de abandono

Hogar de casi dos millones de personas, Manaos es la séptima ciudad más grande de Brasil y la más aislada.
Amazonas también tiene el mayor número de indígenas del país.
Muchos de ellos viven en la ciudad.
La pobreza, la desnutrición y el desplazamiento hacen que enfrentar el virus sea un desafío aún mayor para estas comunidades, algunas de las más vulnerables de Brasil.
En el Parque das Tribos, en las afueras de Manaos, varias mujeres se afanan trabajando en máquinas de coser.
La historia les ha enseñado que los virus externos traen devastación.
Su única defensa ahora son las mascarillas de tela caseras, pero se necesita mucho más para protegerlas.
"Ya tenemos muchas personas en la comunidad con síntomas", dice Vanderleia dos Santos.
"No tenemos médico ni una enfermera que nos cuide".
Vanderleia dos Santos
Image caption"Ya tenemos mucha gente con síntomas", dice Vanderleia dos Santos
Durante la crisis del coronavirus, dice, las comunidades indígenas de la ciudad están siendo atendidas por el sistema de salud pública, conocido como SUS.
Las comunidades indígenas rurales tienen su propio servicio especial de salud, la Secretaría Especial de Salud Indígena (Sesai).
Sin embargo, a Dos Santos le preocupa que el sistema enmascare los verdaderos números de indígenas que han contraído el covid-19.
Cuenta que a los indígenas no se les están registrando como tales, sino que se los califica como "blancos".
"Nuestra identidad es cuestionada todo el tiempo", dice ella.
"Y significa que no podemos mapear a los familiares que podrían estar infectados".
Dado que casi la mitad de las comunidades indígenas de Brasil vive ahora en las ciudades, este no es un problema pequeño.
"Los indígenas de las zonas urbanas se sienten abandonados", dice Sonia Guajajara, que dirige la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil.
"Están expuestos al contagio y la muerte porque no están siendo atendidos de inmediato".
"Doble golpe"
Para aquellos que viven en las profundidades de la selva amazónica, la ayuda médica más cercana suele estar a días en barco.
Algunas comunidades se han encerrado por miedo al contagio
Otros siguen sin tener contacto, pero sus medios para vivir están en peligro en un momento en el que hay menos supervisión por parte de las agencias indígenas y ambientales.
Imagen aérea de la fosa comúnDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl estado de Amazonas tiene una de las tasas de infección por coronavirus más altas de Brasil.
"Es un doble golpe", dice Jonathan Mazower, de Survival International.
"Muchos de los agentes sobre el terreno que habrían estado trabajando para proteger las reservas de las invasiones se han marchado y han dejado de patrullar".
Eso tiene enormes consecuencias en un país donde los madereros y mineros ilegales se han envalentonado ante el discurso de un gobierno decidido a eliminar las áreas protegidas y desarrollar la explotación del Amazonas.
"Muchas personas tienen en el punto de mira estas tierras", dice Mazower.
"Indudablemente, se están aprovechando y reclamándolas".
Las cifras hablan por sí mismas.
En los primeros tres meses del año, la deforestación aumentó un 51%.
"Al mismo tiempo que adoptamos medidas para combatir al covid-19, no podemos olvidar que las incursiones y los ataques se siguen sucediendo", dice Sonia Guajajara.
"Luchar contra el coronavirus está haciendo que otros problemas se vuelvan invisibles".
Guajajara dice que los mineros ilegales, los madereros, los cazadores y los evangélicos que desean el contacto con tribus aisladas "no están en cuarentena".
"Están usando este tiempo para explorar y son los principales vectores" de contagio, añade.
Porto VelhoDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLos incendios forestales que azotan Brasil cada año registraron números récord en 2019.
"Al mismo tiempo que adoptamos medidas para combatir al covid-19, no podemos olvidar que las incursiones y los ataques se siguen sucediendo", dice Sonia Guajajara.
"Luchar contra el coronavirus está haciendo que otros problemas se vuelvan invisibles".
Guajajara dice que los mineros ilegales, los madereros, los cazadores y los evangélicos que desean contacto con tribus aisladas "no están en cuarentena".
"Están usando este tiempo para explorar y son los principales vectores", añade.

Temporada de incendios

Y a medida que comienza la temporada de incendios hay una mayor urgencia.
El año pasado, un número sin precedentes de incendios devastó grandes extensiones de bosque en el Amazonas.
La temporada pico de incendios empieza a partir de julio, lo que algunos expertos temen que pueda coincidir con el pico de la crisis del coronavirus.
"Esto será un problema doble", dice Rómulo Batista, de Greenpeace en Manaos.
En 2019, hubo más del doble de personas con problemas pulmonares de lo habitual, dijo.
Y los municipios más cercanos a las áreas de incendio, como Porto Velho, en el estado de Rondônia, serán los más afectados.
"Cuando tienes muchos incendios, hay muchas personas que acuden al hospita

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